VIII
NIÑA
Mi rostro en el espejo, frente a frente,
anegado por el fuego de mi llanto,
se derrumba herido e impotente,
escondido en los sarmientos de mis manos.
Tú me bañas con caricias en la frente,
mientras siembras una nana en el espacio.
Olvidé que bucear en el desierto
tantos días, tantos meses, tantos años,
me impide de las flores ir libando
el néctar de la esencia de tus besos
y el mágico calor de tus abrazos.
Una niña duerme dentro de mi pecho.
Una niña vuelvo a ser en tu regazo.
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