Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

sábado, 25 de julio de 2026

Cosecha del 60.

 

Cosecha del 60. 

La pandemia truncó nuestros planes en 2020, que era justamente el año en que cumplíamos 60 los nacidos en el 60. Pero, erre que erre, y como el Pisuerga pasa por Valladolid, nos dimos cita el verano pasado, aunque fuera con retraso, para quitarnos el mal sabor de boca y poder celebrar a nuestras anchas el ansiado reencuentro en el pueblo que nos vio nacer y que fue testigo de nuestra infancia y nuestros años de juventud. Más tarde el destino nos fue repartiendo por distintos puntos de la geografía, pero el arraigo por nuestra tierra y por nuestros paisanos es el denominador común de este variopinto grupo de hombres y mujeres, por muy diferentes caminos que hayan recorrido por la senda de la vida.

Nuestra infancia transcurrió sin prisas y sin pantallas, jugando con plena libertad en las calles o en las casas, siempre con las puertas abiertas, después de salir de la escuela: con una pelota, saltando la comba, a la rayuela, los bolis, el pincho, el aro, el salto al burro, la gallinita ciega, el escondite, la “lleva”, la peonza, el pañuelo, el tira-soga, España y Portugal… En más de una ocasión terminábamos la sesión de tarde con un raspón en la rodilla o una pitera, pero nada importante que nos disuadiera de continuar con la sana costumbre de socializar a través de estas actividades lúdicas callejeras tan gratificantes.

 


Nos juntábamos con otros niños y muchas veces inventábamos juegos con lo que teníamos a mano, aguzando el ingenio, creando nuestras propias reglas y comprometiéndonos a respetarlas, perdiendo la noción del tiempo hasta que nos llamaban a voces para recogernos.

Las experiencias de aquella época impregnaron nuestros sentidos, nos marcaron y nos convirtieron en los adultos que somos hoy en día.

A muchos no los veía desde que íbamos a la escuela; a otros tuve que identificarlos en las fotos de Primera Comunión o de romerías de S. Isidro; a algunos había seguido viéndolos en mis visitas durante la feria de Santa Marta o en momentos muy puntuales, pero de lejos y sin intenciones de interactuar con ellos, tal vez por timidez, después de tanto tiempo alejados. El día de la cita salimos de nuestras burbujas individuales y charlamos unos con otros animadamente; comimos, bebimos y brindamos; nos pusimos al día de nuestras vidas; y reímos y disfrutamos durante la cena y las copitas posteriores en la calle El Medio, como si no hubiera un mañana.

Puede que no propiciemos otro encuentro similar más adelante, pero la espinita que teníamos clavada, nos la sacamos. Y puede, si lo hubiera, que de nuevo olvidemos los nombres, porque las neuronas ralentizan los procesos memorísticos a medida que cumplimos años, desafortunadamente. Por eso la vida hay que celebrarla cada vez que la ocasión se ponga a tiro, por lo que pueda venir detrás.

Mi sincero agradecimiento a los que tiraron del carro contra viento y marea para que nuestro sueño se hiciera realidad, animando a través de un chat de Whatsapp creado al efecto; elaborando las listas de los interesados y poniéndose en contacto con ellos; coordinando fechas y agendas para que la mayoría pudiese asistir; eligiendo el sitio ideal y el menú para la cena; concertando precios y gestionando un largo etcétera de contratiempos que siempre hacen su entrada en escena en este tipo de eventos, sin previo aviso. Sin Antonia y Manolo, los auténticos maestros de ceremonia, no habría sido posible.

Gracias, gracias, gracias.

Estoy orgullosa de ser santamartense y orgullosa de mis paisanos contemporáneos.

 

¡Qué buena cosecha dio 1960!

 

                                                                                       Maribel Núñez Arcos.

 



lunes, 13 de julio de 2026

Un domingo veraniego y familiar.

 

 

Una vez más -y sin un motivo concreto- los Gómez nos hemos dado cita para comer y pasar el día.

 

Ha sido mi cuñada Paci la que, como de costumbre, propone el día para que se sumen todos los que puedan. Y, por supuesto, en su casa.

 


 

 

No pudieron estar Enrique, que está por tierras gallegas con Marina; Jorge y Gloria, que tenían una boda; y Perico y Luis, también con otros compromisos. Aún así, como son tantos primos, se juntó una buena pandilla. De doce, asistieron ocho y sus parejas. Y como el primo mayor, Leo, tiene dos hijas, también se sumaron haciendo las delicias de los abueletes con sus juegos y sus ocurrencias.

 


 

Los ocho mayores estuvimos al completo: Alonso y Paci, los anfitriones; David y Esther; Conchi y Perico; Mane y yo. 

 



Comimos, charlamos y nos bañamos hasta que llegó la noche. Hasta los perros se dieron un chapuzón...

 







 

Qué bien nos lo pasamos siempre... Bueno, ya estamos marcando en el calendario la próxima fecha de reunión. Será prontito.

 



 ¡Nos vemos!

domingo, 5 de julio de 2026

Cincuenta años no son nada...

 



La última promoción del antiguo Bachillerato, de 1º a 6º, se graduó en junio de 1976, hace justamente 50 años. Teníamos 16 primaveras, algunas 17. 

En las Josefinas hicimos nuestra despedida del colegio el 19 de junio del 76, porque por aquel entonces no podíamos cursar COU allí, por lo que cada una buscó su mejor opción, antes de entrar en la Universidad.

Desde que nos juntamos en 2001, con ocasión de los 25 años, muchas hemos seguido en contacto; pero algunas ni siquiera asistieron a aquella celebración y tampoco habían vuelto a pisar el colegio hasta ahora.

 

 

La ocasión merecía una buena fiesta y unas cuantas nos pusimos manos a la obra. 

Lo ideal era pasar todo el día en el colegio que nos vio crecer, así que pedimos permiso a la dirección, que nos dio todo tipo de facilidades.

Decidimos una fecha para que cada cual fuera haciendo hueco en su agenda y esta fue el sábado 20 de junio.

Contratamos cátering, un DJ marchoso, un cura para comenzar con una misa, una persona de confianza que controlara las entradas y salidas y que nos facilitara la visita a nuestras antiguas aulas, al salón de actos, al gimnasio, a la gruta del patio...

La convocatoria era a las 11:00h. Las que iban llegando recogían una pegatina con su nombre que debía colocar en lugar visible para refrescar la memoria de las compis. También una chapa conmemorativa del evento y un abanico para mitigar el calor sofocante.

 


 

Tras esos primeros momentos, comenzó la visita por un pasillo donde teníamos expuestas más de 200 fotografías antiguas que habíamos enviado entre todas a un grupo de whatsapp creado para este evento, que hizo las delicias de todas. Después, trasteamos por todas las plantas y las clases, alborotando como niñas.

La misa fue muy emotiva y el cura estuvo acertado y cómplice en todo. Yo me encargué de la monición de entrada y otras compis de las ofrendas, las peticiones, la acción de gracias, las lecturas y las canciones de la misa.

 

Monición de entrada “Bodas de Oro” 2026

 

Queridas compañeras:

Hoy nos hemos dado cita en esta preciosa capilla que nos vio crecer, para celebrar esta Eucaristía con un sentimiento especial y muy potente de gratitud y de desbordante alegría.

Hace 50 años terminamos en este memorable e histórico edificio nuestra etapa de Bachillerato; una etapa que marcó nuestras vidas, acompañadas por religiosas y profesores que invirtieron su tiempo y dedicación en sembrar en sus alumnas valores que constituyen un sello personal que nos vincula irremediablemente desde entonces. La prueba irrefutable es nuestra asistencia hoy a este memorable reencuentro.

Han transcurrido cinco décadas desde aquellos días de aulas bulliciosas, estudios, juegos en el patio, actuaciones en el salón de actos, ilusiones, alguna que otra decepción, y muchos sueños de futuro.

La vida llevó después a cada una por distintos caminos: unas formaron una familia y tuvieron hijos; otras encontraron fecundidad en otras formas de entrega; algunas disfrutamos ya de la jubilación y otras continúan con su actividad laboral.

Hay también compañeras que hoy habéis regresado desde lejos, tal vez después de muchos años sin volver a este lugar tan emblemático y tan lleno de recuerdos.

Es incuestionable que todas compartimos una memoria común, con las huellas imborrables de tantos calendarios vividos bajo este techo.

Celebremos el don de la vida; la amistad que, aunque haya estado aletargada, permanece inmune al tiempo y la distancia.

Y no olvidemos este día tan especial a las que no han podido acompañarnos por distintos motivos y, cómo no mencionarlas, a las que ya descansan en la paz del Señor.

Ya no recorren estos pasillos nuestras monjitas:

La M. Cecilia, que hoy entonaría cánticos con su inconfundible voz en esta misa y nos recibiría con su risa estrepitosa y su gracia granadina.

La M. Práxedes, que grabó a fuego en nuestra memoria comarcas y municipios de toda la geografía española, que nuestra compañera Tere Carrallo todavía es capaz de recitar de carretilla.

La M. Gregoria, una monja adelantada a su tiempo en sus métodos pedagógicos.

La M. Inmaculada, directora del coro y nuestra pelirroja favorita.

La M. Carmen Avilés, que controlaba la limpieza de los dormitorios de internas y que me decía (seguro que las internas se acuerdan): “Sabé, limpia el porvo la escalsaora…”.

La M. Josefina, recta y exigente, pero también cercana y cariñosa.

Y muchas más, de las que seguro hablaremos a lo largo del día.

Igualmente, tantas queridas compañeras fallecidas, entre las que me permito mencionar a Mari Carmen Ardila, que fue la que sembró la semilla que dio sus frutos en un primer grupo de Messenger al que, poco a poco, nos fuimos sumando, que con el paso de los años ha desembocado en los chats que mantenemos actualmente entre nosotras.

Y sin más dilación, con el corazón emocionado y agradecido por tanto, dispongámonos ahora a celebrar juntas esta Eucaristía.

 


Antes de ir al comedor entramos en la sala Steam para ver el vídeo que  había preparado nuestra compañera Tere y que tituló "Un paseo por el recuerdo"; también cantamos a coro la canción "Resistiré" con una letra especial compuesta por nuestra compañera Marisa.

 


Y de ahí, al comedor, con la música de fondo de nuestro DJ Fran. Ya antes de los postres nos empezamos a levantar para echar unos bailes y coger el micro para cantar. El ambiente fue una gozada, de principio a fin.






Terminamos con unas copitas y bailando y jaleando como adolescentes.

 

 

Y es que cincuenta años no son nada...

El periódico HOY se hizo eco de nuestra celebración unos días después.

 


 

Ya mismo estamos pensando organizar los 75... Solo tendremos algo más de 90, pero la niña que llevamos dentro siempre aparece con energía cuando nos juntamos alrededor de nuestro querido colegio.