Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

domingo, 14 de febrero de 2021

Lo que hace el aburrimiento...

 

                                     

Este año tendremos que apencar con lo que nos ha tocao y aviarnos sin carnaval. ¡Con lo que nos gusta el pingoneo y chinchorrear si Fulano o Mengano van peripuestos o despelujaos, coile! Como me dé el arrepío, me arrebujo un chambergo o un bambo y me peino con un kiriki, aunque sea un disfraz guarripelo, y te convido a unos vinos de pitarra hasta que estemos una mijina chirichis.

¡Acho, agila, deja de jincar breas, que eres un lambuzo y te vas a añugar! No nos vayan a fechar los bares…

Chacho, ¡qué relatón estoy…! Y, encima, arrecío; me ha dado un repeluco y tengo la napia entrapá.

Amos a ver si el chichibaina de turno no nos changa el jolgorio, que le voy a soltar picardías hasta que lo deje jirulo. Tú me conoces y sabes que estoy bollaísimo.

Dispués, cuando volvamos, hechos unos farraguas, nos estirancamos bien repanchingaos, nos echamos un cobertor y ¡a roncar! No vayas a ponerte tan pujiedes como tresantié, por culpa de un morgaño… Y no empieces a soltarme que soy un enrea y un escusao.

Ea, ya se han encevicao algunos que somos dos querindongos…

¡Si es que no pué ser…!

 


 

 

viernes, 12 de febrero de 2021

Idiotas

 

                                             

Somos idiotas. O lo que es peor: estamos amamantando una generación de idiotas. El origen etimológico de la palabra nos lleva al término griego idios, que significa ajeno a la realidad, persona que se ocupa solo de lo suyo y no de lo público.

Chomsky elaboró una lista de estrategias de manipulación mediática de las masas, puestas en práctica abiertamente por los poderosos en las actuales circunstancias que nos afectan a todos. Eso sostiene la teoría de que la ignorancia en la sociedad es importante para manejar los hilos de las marionetas en las que nos hemos convertido, en este teatro de títeres que es nuestro nuevo mundo. Porque el que no sabe, no piensa, no se cuestiona. Solo alcanza a ver la realidad distorsionada que otros quieren que capte y acepte, con una voluntad pusilánime y fuera de servicio.

Han logrado distraer nuestra atención de lo verdaderamente importante, lo que está de fondo, haciendo que nos concentremos en una lucha diaria por cumplir unas normas que nos han sometido a una esclavitud que creíamos erradicada. Nos han envuelto en problemas para los que nos ofrecen mágicas y efectivas soluciones. Han introducido cambios graduales en nuestros modos y costumbres, de forma tan sibilina que no hemos sido conscientes de ello. Han conseguido que aceptemos medidas impopulares, “por nuestro bien”, con absoluto convencimiento y resignación. Nos han lanzado discursos más propios de público infantil que de adultos, que nos han dejado sin capacidad de reacción. Han tocado nuestras emociones con su varita mágica, transformando la reflexión en miedo inconsciente. Han reducido la calidad de la educación, para incrementar el número de ignorantes. Han estimulado la autocomplacencia por la mediocridad. Han exacerbado nuestro sentimiento de culpabilidad por todo lo malo que nos pasa. Han llegado a saber de cada uno de nosotros más que nosotros mismos, ayudados por los grandes avances científicos y tecnológicos, y lo han sabido utilizar para ejercer un control absoluto sobre nuestras cabezas.

Por si fuera poco, la libertad de expresión recogida en nuestra Constitución ha pasado a ser un concepto de ciencia ficción. Según el artículo 20: “Se reconocen y protegen los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. Y el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”. Ya nos gustaría.

Son muchas las personas que han asumido, gracias a las restricciones de los últimos meses, que su vida se reduce a su horario laboral (quien tenga la suerte de conservarlo, muy a menudo online), y al rato de compras de víveres en un supermercado, que viene a ser lo más parecido a la añorada vida social de antaño. Los más dóciles interiorizan estas reglas de esclavitud, normalizadas a golpe de decreto ley.

Pero va emergiendo una pléyade de rebeldes e inconformistas que tienen mucho que decir y asumen como obligación remover conciencias; que no admiten permitir, sin más, que arrasen con aquello por lo que han luchado nuestros antepasados, logros conseguidos a fuerza de sacrificios y penurias.

La clase política tiene que estar al servicio de la ciudadanía y no al revés. Son demasiados y perfectamente prescindibles la mayor parte de ellos. Crece la indignación y las dosis de desesperación son altamente preocupantes.

Los idiotas somos mayoría. Más nos vale aterrizar de una vez; aún estamos a tiempo de recuperar lo que hemos ido perdiendo a lo largo del camino, pero el cronómetro corre en nuestra contra y a favor de la consecución de abyectos objetivos que pocos parecen ver.

May capere Deum confessi sunt nobis.

 


 

martes, 19 de enero de 2021

De mal en peor

 

                                                         De mal en peor.

 

Cada vez más pueden verse en la televisión, en cualquier cadena, titulares o subtítulos escritos de manera incorrecta. Suele ser una efímera visión, lo cual es de agradecer. Hay quien dispone de una antena especial para detectar estos errores ortográficos, pero difícilmente pueden pasar por alto para cualquier persona medianamente culta que esté mirando la pantalla en ese preciso instante.

Así podemos leer Gaudalajara por Guadalajara, presonas por personas, areopuerto por aeropuerto, y un largo etcétera. Parece, a simple vista, un problema de dislexia; pero a juzgar por la reincidencia patológica de los fallos, día sí, día también, más bien podría considerarse una pandemia lingüística, ahora que el término está a la orden del día. Lo peor del asunto es que estos errores también se cometen en la prensa escrita, y de ahí no consiguen desaparecer. Lo escrito, escrito queda, si se me permite el pleonasmo. Me resisto a pensar que la preparación académica de los responsables de tan deprimentes textos sea deficiente, pero es innegable que la educación, en todas las etapas, ha ido cayendo en picado en cuanto a niveles de exigencia, y no parece que la tendencia vaya a revertirse a corto plazo, sino todo lo contrario.

Ruego encarecidamente a los profesionales de las letras en activo se esfuercen por mantener bien alto el nivel de cada uno de sus escritos, por amor a nuestro rico y universal idioma y para honrar la lengua de Cervantes como se merece.

Hace tiempo que me guardo esta opinión y hoy ha sido el día de soltar lastre, para que no me salga una úlcera…

 

                                       ¡Ohmmm…!