Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

viernes, 20 de febrero de 2026

Sueños tatuados en la cara.

 

Hola, cariño.

Después de cuatro décadas junto a ti, después de toda una vida tejida con los hilos de la rutina, remendada con auténticos milagros, viene a mi memoria la niña –sí, la niña- que te enamoró y que se enamoró de ti, y veo a una desconocida con sueños tatuados en su cara, con la ingenuidad y la ignorancia de tantas tormentas, seguidas de tantas calmas, que le aguardaban en el camino.

Hemos compartido -a lo largo de incontables calendarios- risas, palabras y silencios.

Hemos aprendido a considerar la carga, no precisamente ligera, que es el amor: una losa que, siendo tan pesada, nunca hemos querido soltar. Porque ahí estaban tus manos y las mías entrelazadas, para no soltarnos el uno al otro, cuando estábamos a punto de caer al vacío.

La convivencia no es siempre color de rosa; también el gris ceniza nos ha acompañado cuando las diferencias cogían el pincel como arma arrojadiza.

En nuestro largo camino hemos llegado a herirnos para, seguidamente, hacernos las curas mutuamente.

Nuestros rostros denotan el desgaste de los años, pero ahora sabemos mirarnos de frente sin ninguna máscara.

Conocemos nuestras luces y nuestras sombras y hemos elegido quedarnos. Aunque nuestro amor envejezca con nosotros, se sienta cansado, cada mañana late en mi corazón una certeza: mi hogar eres tú.

Hemos engendrado y criado a nuestros hijos; los hemos visto crecer, equivocarse, levantarse, soñar y encontrar su propio camino. Hemos compartido cada uno de sus logros, cada preocupación, cada piedra en sus zapatos… Ellos son, en sí mismos, una victoria compartida, un lazo que nos ha mantenido unidos y fuertes, la prueba irrefutable de que supimos construir lo más grande, maravilloso y sólido, a pesar de tantas dificultades y tantos sudores.

Después de más de cuarenta años, nuestro amor no está ya impregnado del fuego impetuoso e inaplazable de juventud, pero la llama que lo alimenta ha sobrevivido a vientos y tempestades.

No se hace imprescindible pronunciar las dos palabras mágicas para decir cuánto te necesito, con la serenidad de quien ha peregrinado mucho y sabe que quiere seguir caminando a tu lado hasta el último aliento.

Gracias por cada momento: los que nos hicieron reír y los que nos enseñaron a abrazarnos más fuerte.

Si pudiese retorcer el tiempo, volver atrás, tú serías de nuevo, y sin dudarlo, mi elegido para recorrer contigo esta vereda que llamamos vida. Y es que, a pesar de tantas montañas rusas, ha merecido la pena.

 

Con todo mi amor,

                                   tu esposa.

 

                                              Día de San Valentín, 14 de febrero de 2026.

 


 

 

 


martes, 3 de febrero de 2026

Marrona

 


Yo creía que vivíamos en una democracia pero, cuando escucho ciertas manifestaciones de algunos representantes, mis creencias se tambalean peligrosamente. Los resultados de las urnas son los que mandan (siempre que no haya trampa ni cartón), de tal manera que todos los elegidos por los ciudadanos merecen su espacio en el panorama político y un respeto incuestionable por parte de los adversarios, por mucho que disten sus formas de llevar al país a buen puerto. Los padres de la Constitución llevaron este planteamiento de manera impecable y debatían civilizadamente todo tipo de cuestiones en el Congreso de los Diputados: los de derechas, los de centro y los de izquierdas. Hemos quedado atrás esas buenas costumbres y ahora se lleva poner etiquetas de ultra a algunos (los que tienen planteamientos no coincidentes) y arengar a las masas para que ayuden a “barrerlos” sin contemplaciones, aunque estén respaldados por un considerable número de votantes. Básicamente, para “dejar sitio” a los de raza negra, china y marrona. ¿Marrona…? Qué nivel, Maribel.

Que se pare el mundo, que me quiero bajar.

 


 

 

viernes, 23 de enero de 2026

Diluvio Universal

 

 

Estaba expectante e impaciente con respecto al ingreso en cuenta de mi pensión este mes de enero, con la ilusión de una subida consolidada y publicada a bombo y platillo en plataformas de información. Mi desagradable sorpresa ha sido comprobar que he cobrado menos que el mes anterior: la prometida subida se ha visto contrarrestada por un incremento del IRPF. Mi gozo en un pozo.

Me consolaría, al menos, que la aportación de mi pellizco económico sirviera para mejorar las infraestructuras ferroviarias que tanto dolor irreversible están provocando estos últimos días y, ya puestos, mandar al trullo a los responsables de la tragedia, por error u omisión. Si hay que derribar puentes, que se derriben. Pero me temo que mi obligado sablazo vaya a parar a otros menesteres que ni nos van ni nos vienen a los españolitos de bien, que parecemos hermanitas de la caridad fuera de nuestras fronteras mientras muchos compatriotas están pasando fatiguitas, sin que los mandamases de turno les presten la más mínima atención.

Aquí va haciendo falta un diluvio universal. No lo descarto, sería la reafirmación de la tan traída y llevada teoría del cambio climático, argumento que siempre se esconde entre bastidores para explicar lo inexplicable.