Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

jueves, 15 de octubre de 2026

Los chozos 2026

 


Como en años anteriores, tuvimos quedada de los primos Gómez Lavado en los chozos del Salugral, en las inmediaciones de Hervás, en el corazón del Valle del Ambroz.
 



 
Compartimos besos y abrazos, charlas, risas, comidas y bebidas, alojamiento, bailoteos, excursiones... desde el viernes por la tarde hasta el domingo después de comer.

 


 

 

En esta ocasión han faltado los más jóvenes, pero aún así hemos tenido representantes de tres generaciones entre todas las ramas de la familia: los Gómez González-Castell, los Coco Gómez, los López Gómez, los Marcos Gómez y los Bonilla Gómez.

 






 

Algunos entramos en el balneario un ratito, para usar la piscina climatizada y para recibir masajes. 

También hicimos la obligada visita por Hervás, para tomar el aperitivo y comprar productos típicos de la tierra.

 













 

Visitamos Granadilla y Abadía para que los primos que venían de Zaragoza, Madrid y Valencia conocieran estos pueblos que otros años no pudieron ver.

 











 

Y, tras un fin de semana estupendo, dejamos fijada la fecha para la reunión del año que viene, a ver si los más jóvenes consiguen hacer un hueco en sus apretadas agendas...

 



 ¡La familia es un regalo!

martes, 13 de octubre de 2026

Pax vobis.

 

La brisa se desliza por mi rostro besando mis mejillas y enmarañándome el pelo en su interminable camino.

Mi retina se ancla en un horizonte preñado de contrastes cromáticos, en el que el sol asoma cautelosamente entre jirones de nubes grises y anaranjadas, bailando un vals con las indesmayables olas.

La otoñal quietud se posa en la alfombra de arena, tatuada por pisadas de almas ahora ya batidas en retirada.

La tarde languidece y se me escapa entre suspiros de una paz que se me antoja infinita.

Toda la felicidad cabe en un momento tan sencillo, pero tan mágico, como éste.

El tiempo se derrite en este espacio melifluo, en este escenario de ensueño, como un reloj daliniano. 


 

lunes, 31 de agosto de 2026

JD 2026 (LXVI a.)


Esta es la decimoséptima entrega de JD que comencé un lejano agosto de 2010, cuando contaba con medio siglo de vida. Ya puestos, no quiero interrumpir este "juego de las diferencias" mientras me quede sentido del humor para hacerlo y publicarlo. Se pueden buscar en el blog los post anteriores para analizar la secuencia de imágenes desde los albores de esta iniciativa sin malicia alguna. 

 




Es la misma ubicación de siempre, la misma fecha del año, las mismas vistas y el mismo fotógrafo (santo varón...).

 






 

Va por ti, amiga Mari Flor, que me preguntaste con guasa el otro día en la playa si este verano habría posado...

 


 

Ea, pues una cosa menos, que no me gusta quedar asuntos pendientes, sobre todo si son divertidos para mí y no hacen daño a nadie. Con la cantidad de noticias desagradables que nos rodean a diario, ahí va un poco de contenido intrascendente para rebajar tensiones.

 



 Este JD se despide hasta agosto de 2027, si Dios quiere y la salud y el ánimo acompañan. 

Bye.

Eso es to, eso es to, eso es todo, amigos.





 

sábado, 25 de julio de 2026

Cosecha del 60.

 

Cosecha del 60. 

La pandemia truncó nuestros planes en 2020, que era justamente el año en que cumplíamos 60 los nacidos en el 60. Pero, erre que erre, y como el Pisuerga pasa por Valladolid, nos dimos cita el verano pasado, aunque fuera con retraso, para quitarnos el mal sabor de boca y poder celebrar a nuestras anchas el ansiado reencuentro en el pueblo que nos vio nacer y que fue testigo de nuestra infancia y nuestros años de juventud. Más tarde el destino nos fue repartiendo por distintos puntos de la geografía, pero el arraigo por nuestra tierra y por nuestros paisanos es el denominador común de este variopinto grupo de hombres y mujeres, por muy diferentes caminos que hayan recorrido por la senda de la vida.

Nuestra infancia transcurrió sin prisas y sin pantallas, jugando con plena libertad en las calles o en las casas, siempre con las puertas abiertas, después de salir de la escuela: con una pelota, saltando la comba, a la rayuela, los bolis, el pincho, el aro, el salto al burro, la gallinita ciega, el escondite, la “lleva”, la peonza, el pañuelo, el tira-soga, España y Portugal… En más de una ocasión terminábamos la sesión de tarde con un raspón en la rodilla o una pitera, pero nada importante que nos disuadiera de continuar con la sana costumbre de socializar a través de estas actividades lúdicas callejeras tan gratificantes.

 


Nos juntábamos con otros niños y muchas veces inventábamos juegos con lo que teníamos a mano, aguzando el ingenio, creando nuestras propias reglas y comprometiéndonos a respetarlas, perdiendo la noción del tiempo hasta que nos llamaban a voces para recogernos.

Las experiencias de aquella época impregnaron nuestros sentidos, nos marcaron y nos convirtieron en los adultos que somos hoy en día.

A muchos no los veía desde que íbamos a la escuela; a otros tuve que identificarlos en las fotos de Primera Comunión o de romerías de S. Isidro; a algunos había seguido viéndolos en mis visitas durante la feria de Santa Marta o en momentos muy puntuales, pero de lejos y sin intenciones de interactuar con ellos, tal vez por timidez, después de tanto tiempo alejados. El día de la cita salimos de nuestras burbujas individuales y charlamos unos con otros animadamente; comimos, bebimos y brindamos; nos pusimos al día de nuestras vidas; y reímos y disfrutamos durante la cena y las copitas posteriores en la calle El Medio, como si no hubiera un mañana.

Puede que no propiciemos otro encuentro similar más adelante, pero la espinita que teníamos clavada, nos la sacamos. Y puede, si lo hubiera, que de nuevo olvidemos los nombres, porque las neuronas ralentizan los procesos memorísticos a medida que cumplimos años, desafortunadamente. Por eso la vida hay que celebrarla cada vez que la ocasión se ponga a tiro, por lo que pueda venir detrás.

Mi sincero agradecimiento a los que tiraron del carro contra viento y marea para que nuestro sueño se hiciera realidad, animando a través de un chat de Whatsapp creado al efecto; elaborando las listas de los interesados y poniéndose en contacto con ellos; coordinando fechas y agendas para que la mayoría pudiese asistir; eligiendo el sitio ideal y el menú para la cena; concertando precios y gestionando un largo etcétera de contratiempos que siempre hacen su entrada en escena en este tipo de eventos, sin previo aviso. Sin Antonia y Manolo, los auténticos maestros de ceremonia, no habría sido posible.

Gracias, gracias, gracias.

Estoy orgullosa de ser santamartense y orgullosa de mis paisanos contemporáneos.

 

¡Qué buena cosecha dio 1960!

 

                                                                                       Maribel Núñez Arcos.

 



lunes, 13 de julio de 2026

Un domingo veraniego y familiar.

 

 

Una vez más -y sin un motivo concreto- los Gómez nos hemos dado cita para comer y pasar el día.

 

Ha sido mi cuñada Paci la que, como de costumbre, propone el día para que se sumen todos los que puedan. Y, por supuesto, en su casa.

 


 

 

No pudieron estar Enrique, que está por tierras gallegas con Marina; Jorge y Gloria, que tenían una boda; y Perico y Luis, también con otros compromisos. Aún así, como son tantos primos, se juntó una buena pandilla. De doce, asistieron ocho y sus parejas. Y como el primo mayor, Leo, tiene dos hijas, también se sumaron haciendo las delicias de los abueletes con sus juegos y sus ocurrencias.

 


 

Los ocho mayores estuvimos al completo: Alonso y Paci, los anfitriones; David y Esther; Conchi y Perico; Mane y yo. 

 



Comimos, charlamos y nos bañamos hasta que llegó la noche. Hasta los perros se dieron un chapuzón...

 







 

Qué bien nos lo pasamos siempre... Bueno, ya estamos marcando en el calendario la próxima fecha de reunión. Será prontito.

 



 ¡Nos vemos!