Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

martes, 17 de noviembre de 2020

Estrambótico.

 

El mundo en el que vivimos me resulta estrambótico, entendiendo como tal un mundo extravagante, irregular, carente del orden al que estábamos acostumbrados y que ahora tanto echamos de menos.

Tanta nostalgia por épocas pasadas ha traído a mi memoria un complemento que me evoca reminiscencias juveniles: los calentadores de piernas. Aquella gloriosa y añorada década de los 80 no puede entenderse sin la “Puesta a punto” de Eva Nasarre en TVE, embutida en su maillot de licra y con sus característicos y coloridos calentadores cubriendo sus pantorrillas.

Hay que reivindicar el renacimiento de tan preciada prenda, perdonar su castigo al ostracismo, recuperarla del fondo de los cajones, o tejerla con mimo en las largas tardes de otoño y toque de queda. Tantas puertas y ventanas abiertas de par en par en todos los lugares de trabajo y en los centros de educación hacen recomendable, cuando no indispensable, su uso, como las mascarillas, a la par que bufandas, abrigos y mantitas, ahora que el frío va haciéndose sitio sin miramientos.

Poner de moda los calentadores de piernas nos haría la jornada laboral o académica más llevadera, estoy convencida de ello, además de constituir una fuente inagotable de creatividad, originalidad, reto y atrevimiento en cada uno de sus diseños. Se verían de rayas verticales u horizontales, tobilleros o por encima de las rodillas, de punto bobo o punto liso, de ochos o con borlones, de un solo color o irisados, para ellos y para ellas, de lana o de crochet… Un amplio abanico de posibilidades.


Pero, no menos importante, pensar en ellos, diseñarlos, confeccionarlos,  conjuntarlos con la ropa, nos evitaría bucear en las angustiosas noticias y estadísticas del día a día, que yo he esquivado deliberadamente desde que comencé a aporrear mi teclado.

  

Y, como no puedo abrazaros, suspiro. Un suspiro que colea en el aire, como un estrambote a mis evocaciones.

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