Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

miércoles, 15 de enero de 2014

26 primaveras en enero


En el sosegado aire de mi consolidada madurez me asaltan los recuerdos de una vida que ensaya hacerme creer que no me pertenece. Los días declinan uno tras otro y los años terminan por desbordarse unos sobre otros. Cada nuevo día se va deslizando por el tobogán de mi rutina, dando el pistoletazo de salida a un nuevo amanecer, gemelo del anterior, aunque yo me empeñe en disfrazarlo.



Este insulso día laborable de enero cumple mi hijo Alberto 26 primaveras. Para él es el inicio de un proyecto de vida que ya está encauzado por una ancha avenida de parabienes. Para mí es la constatación del paso de un tiempo que se me antoja ajeno, aunque las evidencias sean tan claras frente a un despiadado espejo como frente a un repaso de memoria a los acontecimientos más relevantes de mi pasado remoto y más reciente.


Mi legado más valioso para él, como para sus hermanos, es mi testimonio de vida. Deseo que sepa administrarlo con rectitud, honestidad y suficientes dosis de alegría.




Ahora que el color de la tarde se ha desvanecido y los semáforos se empeñan en regular un tráfico cansino, deambulo al lado de los coches que ya duermen en las aceras, dejando que mis recuerdos brillen en medio de la oscuridad. Pero la bocina de un coche irrumpe en mi particular y privada atmósfera, haciendo añicos el silencio de mi memoria. 


Y salgo de mi ensoñación como cuando el bebé que dormía en su cuna, junto a mi cama, hace 26 años, reclamaba mi atención de joven madre cada madrugada.



                 ¡Feliz cumpleaños, Alberto!


domingo, 12 de enero de 2014

Pataleta silenciosa


Se me ha pasado el domingo, ¡qué digo el domingo!, el fin de semana, haciendo tareas que no me apetecía nada hacer, y me he quedado con las ganas de algo tan simple como leer un rato en el porche, al aire libre, porque era el momento de recoger la cocina, de tender la ropa o de vete tú a saber qué otra lindeza poco gratificante. Iré mañana a trabajar sin haber cargado la batería, con la sensación de vivir al servicio de las personas que me rodean. Siempre estoy donde los demás esperan que esté. Llega el hastío a tal punto, que confundo mis sentimientos hacia ellas, y las veo como verdugos de mi tiempo, ¡mi tiempo, el que se va descontando de mi vida de manera inmisericorde! Cada minuto que pasa será irrecuperable, pagamos nuestro paso por la vida no con euros, sino con tiempo. ¿De qué vale el dinero cuando se agota el tiempo de disfrutarlo…? 


Hay tantas cosas que no hago por no disponer de tiempo, que ya veo como imposible poder realizarlas. Y no son nada importantes: terminar un mantel que lleva meses inacabado, colocar una balda en un aparador, ordenar los altillos, quitar las malas hierbas… Y, por supuesto, retomar la novela que empecé por fin a escribir este verano, terminar “La sonrisa etrusca” de mi admirado José Luis Sampedro, sin olvidar mis sesiones de mantenimiento en el gimnasio, mi entrenamiento para la carrera de más de 7 kilómetros en la que me he inscrito… Todo ello trenzado con mi horario laboral y acompasado con las comidas diarias, que hay que planificar, realizar, servir y recoger, el vaciado del cesto de ropa sucia, que se multiplica milagrosamente, como los panes y los peces de la Biblia, y el lavado y planchado de la misma, la compra para rellenar la despensa y la nevera para mis fieras, espantar el polvo y las pelusas del suelo de vez en cuando,  para que no se instalen permanentemente,  y un largo etcétera de faenas sin nombre que van surgiendo como de la nada en el día a día de una familia numerosa, en la que cuatro van a su bola y yo a la bola de los demás. Ingrato papel el que me ha tocado, o el que me he dejado adjudicar. Solo me resta poder desahogarme con el teclado. Quejarme en voz alta es tontería, mejor guardo silencio.


              ¡Llego a todo, llego a todooo...!

viernes, 10 de enero de 2014

Jaque mate


Esta expresión que procede del persa y del árabe significa que el rey está atrapado, que no tiene escapatoria. Y si lo extrapolamos del tablero de ajedrez al panorama nacional, así parece que esté pasando, a juzgar por los titulares que lucen las portadas de los principales medios de comunicación nacionales y extranjeros.


La Historia lleva en la memoria de sus páginas muchos secretos que, hoy por hoy, en la era de las comunicaciones en masa, son imposibles de esconder. Se han acentuado las injusticias sociales, y los que en el pasado no se planteaban la conveniencia o no de la monarquía, hoy solo son partidarios de la república independiente de su ruinosa casa. ¡Sálvese quien pueda! 


El jaque al que desde hace tiempo está sometido el rey, por sus controvertidas actuaciones, y por las respetables dudas de honorabilidad que otros miembros de su real familia están suscitando, hacen prácticamente imposible evitar el mate con ninguna jugada legal. 


No se puede interponer una barrera que le proteja del fatal desenlace, capturar las circunstancias que ejercen de pieza agresora, ni sacarlo a él del radio de acción de las piezas contrarias. 


El diario francés “Le Monde” se cuestiona: “¿Podrá la Infanta Cristina escapar de la justicia española?”. La pregunta del millón es si en España gobernará un nuevo rey después de D. Juan Carlos.





sábado, 4 de enero de 2014

Los Gómez "invisibles"


Los Gómez hemos vuelto a celebrar nuestra tradicional reunión navideña, en la que además de disfrutar de la compañía de todos los miembros de la familia, aprovechamos para reírnos un rato intercambiando regalos con el sistema de los "amigos invisibles".


 En esta ocasión la cita fue en la casa de campo de Paci. Asistieron los cuatro hermanos y sus cónyuges, y la segunda generación compuesta por 12 primos hermanos: tres de Leo (que en paz descanse), tres de Mane y míos, dos de Conchi y Perico, dos de Paci y Alonso y dos de David y Esther.


                                               David, Conchi, Paci y Mane.

Al grupo se sumaron algunas parejas de los chicos: Carmen, novia de mi hijo Enrique; Julia, novia de mi hijo Lu; María, novia de Leíto; Alberto, novio de Gina; y Chiqui, novia de Jorge.



                                                     Enrique y Carmen.




                                                           Lu y Julia.




                                                    Gina, María y Luis.




                                                 Chiqui, Alberto y Marta.

 La cocina era un hervidero de gente entrando y saliendo...











...y en el salón iba creciendo el reportaje fotográfico de todos con todos, que es de lo que se trata.











Los primos más pequeños se divirtieron con los primos más mayores...




                                                       Perico y Sete.



                                                       Enrique y Luis.


                                                       Sara, Luna y Lu.

                                                            Marta y Luna.


Y comenzó la entrega de regalos, con nuestro gran maestro de ceremonias: Perico, y sus dos aprendices para el futuro: Sete y Luis.







Hubo regalos para todos los gustos, pero todos, todos nos dibujaron una sonrisa, cuando no nos arrancaron una carcajada...






















Una buena charla con una buena copita, con turrones y dulzainas para el paladar, y muchas ganas de estar juntos, como siempre.




                         Mane dando una lección magistral, de lo que sea...



                                               Lu, Julia y Perico hijo.



                                          Paci, la mejor anfitriona de la noche.


                                         Lu, con sus tíos Conchi y Perico.


                                  Servidora con mis niñas, Carmen y Julia.

                                                  Marta con su tío Mane.



   Fue bonito mientras duró. Muy, muy bonito...