Dos por tres
Y vuelta la burra al pesebre, chacho, cada seis meses lo mismo: dos por tres o tres por dos… Esto parece una oferta de Carrefour, pero no acabo de verle las ventajas.
Este domingo de madrugada nos toca cambiar la hora y conformarnos con el día más corto del año. El caso es quitar: sesenta minutos de reloj, sesenta minutos de sueño, sesenta minutos del fin de semana… ¿Y para qué? Que alguien me argumente con razones de peso, porque a día de hoy todas las justificaciones me resultan irrelevantes e inconsistentes.
El debate está en la mesa. La medida tiene efectos negativos para la salud (repercute en el ritmo circadiano de las personas); y el pretendido ahorro energético tiene cada vez más detractores. De hecho, el IDAE (Instituto para la Diversificación de la Energía), tras un exhaustivo estudio, emite su conclusión: no hay conclusiones. Con un par.
Europa pretende mantener la continuidad de esta medida hasta finales de 2026. Hay falta de consenso en el Parlamento Europeo para poner fin, definitivamente, a los dos horarios anuales. Mi opinión es que cada país elija su opción. En España gozamos de horas de sol suficientes, incluso en invierno.
Aunque, pensándolo fríamente, el cambio de horario es una simpleza si lo comparamos con los aterradores problemas que nos acucian.
Que la fuerza nos acompañe.


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