La brisa se desliza por mi rostro besando mis mejillas y enmarañándome el pelo en su interminable camino.
Mi retina se ancla en un horizonte preñado de contrastes cromáticos, en el que el sol asoma cautelosamente entre jirones de nubes grises y anaranjadas, bailando un vals con las indesmayables olas.
La otoñal quietud se posa en la alfombra de arena, tatuada por pisadas de almas ahora ya batidas en retirada.
La tarde languidece y se me escapa entre suspiros de una paz que se me antoja infinita.
Toda la felicidad cabe en un momento tan sencillo, pero tan mágico, como éste.
El tiempo se derrite en este espacio melifluo, en este escenario de ensueño, como un reloj daliniano.


Muy bonito 😍
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