Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

martes, 21 de agosto de 2018

Bucle (o cómo tirar una casa por la ventana)


       
Este tiempo de vértigo no nos facilita reciclar recuerdos ni reliquias. No queda espacio para lo viejo, lo usado, lo antiguo, es necesario tirar para usar, dejar espacio a lo nuevo, que dejará de serlo para formar parte de ese agujero negro inmenso de lo inservible, de inmediato y de forma irremediable. Un bucle, un twitter, un torbellino, un huracán, un tsunami del que nos es imposible escapar.
Que paren las máquinas de este desatino que aceptamos sumisamente y con resignación. Hemos entrado en un callejón sin salida o -peor aún- que nos lleva al abismo de los despropósitos.
Reivindico apearme de este tren sin frenos, emprender un viaje sosegado que me permita disfrutar del paisaje, sentir en la cara un aire limpio que me purifique el alma y acaricie mis sentidos, que acorte la distancia con mis recuerdos más apreciados y me conduzca a cada uno de mis tesoros dormidos. Un viaje cuyo destino sea un horizonte policromado, en el que el sol juegue al escondite con el mar, con las montañas, con mil figuras perfiladas con precisión desde mi visión mermada. Y, una vez allí, dejar que tu abrazo de madre me acune en un dulce sueño.



Tu azul, tu abrazo, tu luz.



                Tu azul, tu abrazo, tu luz.


Busco tu azul
en el vaho de mi aliento
sobre el cristal indolente,
en el primer bostezo
de mis sordas madrugadas,
en cada procesión
de la rutina ferviente.

Busco tu abrazo
en una lluvia fina
de primavera,
entre las frías sábanas
de algún mal sueño,
en la luz mortecina
de una farola callejera.

Y allí donde busco tu luz,
allí donde busco tu abrazo,
me asalta un batallón de recuerdos,
me envuelve una nube de nostalgia,
me hace cosquillas un verso
y me arropa un abrigo de esperanza.




jueves, 2 de agosto de 2018

JD 2018

Como cada verano, retomo el jueguecito que se me ocurrió cuando estrené mi cincuentena, aún a sabiendas de las piedras que tiro a mi propio tejado. 

He cumplido los 58, soy consciente de los cambios y los asumo con descaro. Tengo suficiente edad para no tener que justificar nada si a nadie hago daño. 

Todas las fotos están ubicadas en el mismo lugar y en la misma fecha: agosto. Espero no provocar a nadie un corte de digestión, nada más lejos de mi intención. 



-No apto para morales comprimidas, para los que carecen de sentido del humor ni para los que tengan sensibilidades fáciles de herir. 
-Abstenerse susceptibles y malpensados. 
-Prohibido el paso a toda persona ajena a este blog. 
-Ahí va la secuencia completa desde 2010 y... que Dios nos coja confesados.



2010


2011

2012

2013

2014

2015

2016

2017

Y... 2018







Que Dios me dé salud para seguir con el jueguecito el verano que viene, y ustedes que lo vean.