Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Toda una vida

  
     Él ha sido y es un hombre recto, respetado y querido. Partiendo de la nada y procediendo de una familia humilde, se convirtió en un empresario económicamente bien situado, que inculcó a sus hijos, con su ejemplo, las virtudes de la honestidad, la honorabilidad y la honradez. Su madre, una sencilla mujer de pueblo, encantadora, alegre, divertida, querida por todos y cercana a todos, tuvo que sobreponerse a la pérdida de su marido, salvajemente fusilado en la guerra civil. Él era el mayor de cinco hermanos, y contaba solo con catorce cuando quedaron huérfanos. Se convirtió en cabeza de familia cuando aún tenía edad para jugar a las canicas, pero consiguió sacar adelante a toda la familia en unos durísimos años.

  
      Ella, en cambio, procedía de una familia ilustre. Estudió para Maestra de Escuela, y poseía una exquisita educación y una cultura muy superior a la habitual en aquellos tiempos de la postguerra. Inculcó a sus hijos las virtudes de resignación, paciencia, ternura y diplomacia. Su padre, D. Rafael González Castell, fue todo un personaje, un genio y un intelectual, abogado de profesión, aunque ejerció como Secretario del Ayuntamiento de Montijo. Un bohemio, un soñador y un enamorado de su familia, que dominaba con maestría y modestia infinidad de artes, desde la literatura al dibujo, desde la poesía a la caricatura. Su madre, una mujer mucho más joven que su padre, maestra asimismo, fue recta y severa educando a sus hijos, pero también tierna, cariñosa y de modales intachables.

     Ellos se enamoraron, se casaron, tuvieron seis hijos, y vivieron felices muchos años. Los más allegados les reconocían un cierto parecido con el príncipe Rainiero de Mónaco y la princesa Grace Kelly. Y no andaban descaminados, como evidencian las fotos. 

     La vida también les zarandeó con la pérdida de un niño prematuro, y años después con la tragedia de perder otro hijo varón de poco más de cuarenta años y un nieto de cinco, en un terrible accidente de tráfico.

     Cuando cumplieron sus bodas de oro, sus hijos hicieron realidad un sueño que ellos tenían: conocer Cantabria, sobre todo Laredo y Santoña. Y allí disfrutaron con los hijos y los nietos de una semana de emociones inolvidables.





     La longevidad se convierte a veces en una trampa cruel de la existencia, y castiga de manera implacable con enfermedades fruto del desgaste natural del organismo. Ahora siguen juntos, pero malviven con ellos el Alzhéimer, el Párkinson y otros compañeros de índole parecida.


     Una grandísima historia de amor, de lucha, de alegrías y tristezas, que aún no ha escrito su punto y final.

  
    A Bartó y Concha, mis suegros, con todo mi cariño, mi agradecimiento y mi admiración.


4 comentarios:

  1. Precioso... su historia, las fotos y el cariño y admiracion que transmiten tus palabras. Espero que en un futuro no muy lejano consigamos saber cómo tratar esa dura enfermedad que afecta a la mayoria de las familias, el alzheimer, y quienes lo hemos vivido sabemos lo duro que es. Un besazo Suegra, un 10 para tu blog!!

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  2. ¡MATRÍCULA DE HONOR...! Ni en mis mejores tiempos...Muchas gracias, princesa.

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  3. Muchas gracias, Inma. Eso y más es lo que merecen por mi parte. Mi suegro murió, ella vive, si a esas condiciones impuestas por su enfermedad podemos considerarlas vida. Un beso.

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