Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

jueves, 29 de noviembre de 2012

El arte de estornudar


     Llega sin previo aviso, currículum en mano, presentando sus respetos uno a uno, siempre por las mismas fechas. Cuando quieres darte cuenta, se ha instalado en tu nariz y administra tus fluidos a su antojo. Unas lágrimas por aquí, un moquillo por allá, con banda sonora incluida, amén de estruendosa. Es el temido e inevitable resfriado de temporada. El de los rojos ojillos, el de ojeras pronunciadas, el del acento gangoso y nariz de tomatillo. 


     Arrastra bajo su influjo los estornudos y toses, esos molestos invitados que hacen su aparición en escena pisando la voluntad en el cuello, arrastrando incautas partículas allí por donde pasan, como una bomba detonada a distancia por un mercenario. 


     En esta última aparición en escena, estoy aprendiendo a dosificar tiempos e intensidades, lo que me abre infinitas posibilidades de variaciones sobre el mismo tema. Cuando el tsunami del estornudo viene con ecos, modulo su ritmo, sus graves y agudos, su estribillo y su potencia. 


     Nunca creí que podría hacer arte con un instrumento tan escatológico como ridículo, tan imprevisible como inoportuno, tan ruidoso como sorpresivo. Declarado oficialmente persona non grata en la república independiente de mi casa, he sacado la artillería pesada para deshacerme de él en tiempo récord. Para empezar, lo voy a fustigar con el látigo de mi indiferencia, para acabar de rematarlo envenenándolo con paracetamol. 


                          Tú no sabes quién soy yo, chavalote. 

                             ¡Achísss...!




lunes, 26 de noviembre de 2012

Día del maestro

     Hoy es el "Día del Maestro". Como no he tenido que trabajar, he aprovechado la mañana para hacer gestiones varias. En el tráfico he echado en falta la algarabía que suele inundar el asfalto cuando los niños van al colegio, cualquier día de la semana.

     La mañana me ha cundido considerablemente, pero aún no me imagino en estas circunstancias por tiempo indefinido, quizás porque cada vez me alejan más del momento de mi jubilación. Además, me gusta mi oficio de maestra. Reconozco que me canso, pero estar cada día rodeada del colectivo más vitalista, más entusiasta, más transparente y más agradecido, me pone las pilas.

     Este poema forma parte del primer poemario que escribí. Aquí lo dejo, como una declaración de amor por lo que hago.



Hoy os voy a confesar que tengo un gran privilegio:
yo me dedico a enseñar en un veterano colegio,
construído años ha con unos muros muy regios.

Pululan por sus pasillos alumnos muy empollones,
pasotas y divertidos, algunos muy comodones,
simpáticos, cariñosos, tímidos y retraídos,
altos, bajos, guapos, feos,
gordos, flacos, distraídos,
responsables, respondones, hostiles e hiperactivos.

Todos están en las listas, todos están admitidos,
a todos hay que educar, es un trabajo exhaustivo.

Pasan días y semanas entre cálculo mental,
fracciones y redacciones, recreos para jugar,
campeonatos deportivos, tocar la flauta, pintar,
y al acabar las tareas un ratito a chatear.

Y para ellos, ¿qué soy?
Maestra, amiga, enfermera,
el colmo de sus desdichas,
quien le presta las tijeras,
la que escucha sus temores,
la que espera y desespera,
y la que los ve crecer
como si fueran palmeras.

Nosotros les damos alas, lecciones para volar,
y ellos consiguen metas difíciles de alcanzar.
Qué inmensa satisfacción, con el pasar de los años,
da encontrarlos en acción, ejerciendo profesión,
con solvencia y vocación
en infinidad de campos.

Estas emotivas líneas -que quisieran ser poesía-
se las dedico a mis niños de mundos de fantasía.

Olor a tierra mojada,
la luna llena encendida,
nubes blancas de algodón,
lágrimas escondidas,
escalera de color...

Sin sus risas, su calor,
mi alma estaría perdida
y frío mi corazón.



                                                              BYE
                


sábado, 24 de noviembre de 2012

Siempre queda la ironía




     Nuestra vecina Portugal no enviará representación al próximo eurofestival de la canción, por las restricciones presupuestarias a causa de la persistente crisis. 


     Extremadura, si fuera un país como Cataluña, bien podría permitirse ocupar esa plaza libre, sufragando sus gastos en tan imprescindible evento, ahora que en nuestros tejados han llovido del cielo 240 millones de euros, que también servirán para hacer renacer el espíritu de la Navidad en los deprimidos funcionarios, los dependientes, los desempleados y los autónomos. 

     
     Eso, si no se cumple el refrán de “qué poco dura la alegría en la casa del pobre”, ya que mini Soraya amenaza con recurrir al Constitucional, por si el que no es un “barón rojo” ni un “verso suelto del PP” hubiese incumplido la legislación básica. 


     Y es que, mira si está malita la cosa, que hasta la Preysler se ajusta el cinturón, que ya no le llega ni para bombones. 


     A los añorados payasos de la tele no habrá nadie que les responda: ¡bien!, porque las deudas nos ahogan el buen humor. 


     Pero alecciona la Trujillo en twitter que “el que tenga deudas, que las pague”.   


                    O que estudie la ESO, que a nadie le amarga un dulce.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Recuerdo de un flashmob


     Si traducimos el término flashmob literalmente del inglés, su significado es algo así como multitud instantánea. 

     Fue el 21 de diciembre de 2.009. Un numeroso grupo de 170 personas, pertenecientes todas a la Comunidad Educativa del Colegio Sagrada Familia de Badajoz, las "Pepas", como se nos conoce familiarmente, fue el protagonista del primer flashmob llevado a cabo en la capital pacense.


     En septiembre y de casualidad vi en youtube un flashmob llevado a cabo en una estación belga, y ya no se me quitó de la cabeza la idea de planificar uno. Se me ocurrió como objetivo felicitar la Navidad a los transeúntes que se cruzaran en nuestro camino. Pero era necesario encontrar un espacio que dispusiera de megafonía, para que la música  llamara la atención de todo el mundo y un envolvente sonido sirviera para sincronizar perfectamente la coreografía a todos los bailarines participantes.

     La Plaza de Conquistadores era idónea, porque los cacharritos de feria allí instalados para las fiestas, gozaban del equipo necesario para nuestro propósito, aunque la primera idea fue la estación de autobuses, pero me denegaron inexplicablemente el permiso.
     Hice una recopilación de temas de unos diez minutos de duración, que terminaban con el popular villancico "Feliz Navidad", y diseñé toda la coreografía. Un mes antes, fui nombrando delegados en cada etapa (Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato), con los pasos ya aprendidos, y en los recreos ensayaban en mi gimnasio, en grupos reducidos, bajo mi supervisión. Aunque se propuso como una actividad voluntaria, la respuesta fue generosa y entusiasta.

     A la experiencia quisieron adherirse profesores, padres y madres y personal de administración y servicios, hasta llegar a la nada despreciable cifra de 170 participantes. A decir verdad, nunca ensayamos todos a la vez, por lo que era una aventura incierta hacer el espectáculo en vivo y en directo en la calle, sin posibilidad de corregir errores ni recomenzar.

     Pero salió bien, y puedo asegurar que fue una gozada y lo vivimos con ilusión y con la enorme satisfacción de trabajar en equipo, por una buena causa y divirtiéndonos. Para redondear el evento, la lluvia hizo una pausa durante ese rato, e incluso el sol asomó la nariz para iluminar nuestro esfuerzo.

     Este miércoles pasado, por la tarde, estando en una reunión en el colegio, una compañera que participó en el evento, lo evocó con nostalgia y con cariño, e intentó motivarme para repetir esta Navidad algo parecido. Está dentro de lo posible... 

video
  
     Si es que me va la marcha... bailando, malpensados...jejeje...

Pincha aquí para ver el vídeo






miércoles, 21 de noviembre de 2012

"Cachuela versus poesía"

     Lo nuestro viene de lejos. Hay química, feeling, muchas coincidencias: la misma vocación, el mismo número de hijos, la misma vena artística, amigos comunes... Es de esas personas que se hacen notar cuando están y cuando no están, también. 

     Anoche conversamos por wapshapp, y nos dimos las buenas noches después de hacerme ella una proposición no indecente. La cosa desembocó en el siguiente escrito, que aclara nuestras pueriles intrigas.

El lunes eché de menos
a mi adorada Teresa,
la de inspirados pinceles,
la de la boca de fresa.

La desdichada enfermó
de náuseas y de mareos,
se indispuso y vomitó
armando mucho jaleo.

Anoche propuso un trueque:
"cachuela versus poesía".
Aquí tienes estos versos.
¿Y mi tostada, jodía...?

     Hay que decir que como cocinera y repostera tiene en su haber el Premio 5 Estrellas de nuestro colegio, y quedan en la memoria de todos sus compañeros su increíble salmorejo, así como su manteca colorá casera, que quita el sentío, y que pudimos degustar un nutrido grupo de profesores la semana pasada durante un recreo.

     Voy a ir salivando mientras disfruto el recuerdo de aquel nutritivo momento.
                                   ¡Ay, omá, qué rica...!

    

martes, 20 de noviembre de 2012

Día Universal del niño





     Todos los días se conmemora algo. Hoy es el "Día Universal del Niño", y yo quiero dedicar a los niños, a todos los niños, estos dos poemas que escribí hace tiempo. De manera especial tengo hoy presente la imagen de cuatro hermanos, víctimas de los conflictos en Ghaza, muertos por causas que estos inocentes ni siquiera llegaron a conocer, y que me produce una purulenta tristeza y una inconmensurable impotencia. Los niños son niños, son el tesoro de la humanidad y la ilusión por un futuro mejor. Para ellos mis versos, porque son la razón de ser en mi trabajo y en mi vida.





                                                       OTOÑO

Una bóveda gris plomo contempla serenamente
un hervidero otoñal en un patio colegial
atiborrado de gente, unos vienen, otros van.
Se despierta otra jornada de mediados de semana
durante el mes de Noviembre, lluviosa y con pocas ganas.
Y como todos los días, un peregrinar cansino
de mochilas y de niños, que corren haciendo ruido,
con las ruedas que soportan la sabiduría de siglos.
Los abuelos y los padres desempeñan su papel:
espectadores de lujo de un desfile de modelos
que cruzan su pasarela sin complejos ni tapujos.
El de los pelos de punta y el pelirrojo de al lado
disputan sin disimulo ser primeros de su fila
y están muy acalorados.
Una muñeca de cuento, con peinado de princesa,
le cuenta sus confidencias a su amiga de gafitas,
llamada María Teresa,
que luce una gran bufanda de color azul turquesa.
Allá , a lo lejos,  se ve un grupito de chavales
jugando un ratito a fútbol, que es lo primero en sus planes,
hasta que la profesora avise para iniciar un viaje,
por tortuosos senderos y rutas intelectuales. 


                                       Cuando sea mayor


Yo, cuando sea mayor,
quiero ser niño de nuevo.
Quiero volver al colegio
y poder soñar despierto,
perseguir  mil  fantasías
en el patio de recreo.
Llevar mis cuentas al día,
con cifras de muchos ceros,
resolviendo mis problemas
con la ayuda de mis dedos.
Leyendo mil aventuras,
recorriendo el mundo entero,
conociendo personajes
surcando el mar en velero,
mirando absorto una mosca
que vuela directa al cielo.
Que todas mis pertenencias
quepan en un gran sombrero,
de donde salgan sonrisas,
amigos y algún conejo.
Con una mamá muy linda
y un papá muy lisonjero,
que te alfombren el camino
con caricias y te quieros.

Y al agonizar el día,
agotado del trasiego,
con una sabrosa cena
y un baño muy placentero,
bucear entre algodones,
abandonarme a Morfeo,
y entre nanas y oraciones
ser un niñito de nuevo.



     Cuando un niño te sonríe y te dice sin malicia, en un tono 
 melifluo: “Seño, qué guapa vienes hoy”, ya sólo cavilas la manera de poner alas en sus pies para que vuele  tras sus sueños.