Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

sábado, 30 de junio de 2012

El sueño de una gala de verano


    El sueño de una gala de verano


     La primavera, la sangre altera, eso es bien sabido por todo el mundo. Cuando empezó el mes de las flores, ni se me pasó por la cabeza participar en la competición de coreografías de batidos Puleva con mis alumnos de primaria. El año pasado hicimos dos vídeos muy trabajados, con objetivos muy claros, como eran dar difusión a los carnavales de Badajoz, y publicitar la ciudad a través de sus monumentos para atraer turismo, y nos falló el apoyo de los nuestros, los más cercanos, que solo tenían que ver el vídeo cada día, y no lo hicieron con perseverancia. Pero… ¡ay!, se me cruzaron los cables a tiempo de hacer la preinscripción. Fue un chispazo que saltó en medio de la desmotivación, y me dije: "qué más da si no ganamos, a mí me gusta bailar y coreografiar para mis alumnos, y eso no es perder el tiempo". Hay una remota posibilidad de triunfar, pero es imposible si ni siquiera se intenta.


     Ahí comenzó a rodar la bola de nieve, empezó a funcionar la cadena de montaje. Cuando llamé a Beatriz para pedirle que grabase este año de nuevo, me contestó: “ya me estaba extrañando que no me llamaras”. No había mucho tiempo, puesto que no lo había planificado como es mi costumbre, era un “aquí te pillo, aquí te mato”. Revisé los listados de clase, y me hice una lista previa de aspirantes a Pulevitas, entre 3º y 4º de primaria, por un motivo claro: por primera vez se establecían categorías, y me daba la impresión que tendría menos competencia de otros colegios en estas edades tempranas. Yo sabía de la existencia de un buen número de niñas entre 8 y 10 años que tenían un enorme potencial como artistas, las había seguido desde infantil y primer ciclo de primaria, antes de ser alumnas mías, y eran de esas que tienen tablas de sobra en un escenario, que se movían como peces en el agua moviéndose al ritmo de una buena música. Las cité en el gimnasio, después de descartar y sustituir a una que, gustándome mucho, sufría una lesión que limitaba su movimiento. Y ¡manos a la obra! Le dimos forma a la coreografía en menos que pía un pollo, y aunque estaba cogida con alfileres, en el vídeo se disimularía perfectamente.
     Dos días después vino Beatriz a grabar, algo muy sencillito, le dije yo, porque necesitaba ella un par de días para montar el vídeo, acoplar el audio y colgarlo a tiempo para no quedarnos atrás en las votaciones. La grabación la hicimos en una mañana de colegio, y en el gimnasio, a puerta cerrada. Nada de buscar exteriores, puestas de sol, monumentos, o vestuarios complicados. En el colegio, y con el uniforme de educación física. La idea que le propuse a Beatriz fue “adornar” el vídeo con algún efecto especial, y a ella se le ocurrió poner color virtual a las camisetas blancas, distinto para cada niña, en unos primeros planos. Quedó original y simpático, aunque para simpáticas, las caras de las niñas, que no solo son bailonas y estilosas, sino preciosas las diez que formaron el grupo.


      Desde el primer día de la competición fui pidiendo en cada hora de clase a mis alumnos que votaran y dieran publicidad al grupo entre sus familiares, vecinos y amistades, convenciéndoles que la pizarra digital que podíamos ganar era un material muy conveniente para el colegio, en fin, sacando todas mis artes de seducción para conseguir involucrarlos en el proyecto. Y aunque los comienzos no fueron muy halagüeños en cuanto a número de reproducciones, fuimos escalando puestos poquito a poco, cada día subiendo con cuentagotas, sin desaliento… hasta terminar la competición en tercera posición. Fantástico: los cuatro primeros colegios pasaban a la final, obtenían como premio el susodicho material didáctico para el centro, y eran invitados por Puleva a entrar en Parque Warner, en Madrid, hasta donde les llevaría un autobús pagado por la organización del concurso.
     El primer objetivo estaba conseguido. Para mí era una ventaja que mis niñas actuaran en directo, sobre un escenario, porque allí sí que estarían en su salsa, y muy difícilmente ningún otro grupo bailaría mejor que ellas. Pero había que recomponer la coreografía, porque el directo no permite trucos de cámara. A mí me gusta ocupar todo el espacio disponible, mucho dinamismo en los cambios de posición, limpieza en los movimientos, una gran expresión corporal, un ritmo impecable y una perfecta sincronización. Eran los últimos días de curso, con mucho estrés para mí por ultimar las calificaciones, con la función que siempre organizo en el salón de actos, y casi no tuvimos ocasión para ensayar. Yo lo tenía todo perfectamente encajado y claro en mi cabeza y anotado en mi cuaderno de trabajo, pero había que transmitírselo a las niñas, con su correspondiente inyección de entusiasmo y simpatía, para que ellas lo disfrutasen aunque les costara repetirlo una y otra vez hasta pulirlo a la perfección.


     Pero ellas lo hicieron fácil y posible. En el último ensayo, el día anterior a la final, terminé haciendo un corro con todas, cogidas de las manos, y para reforzarlas psicológicamente, grité:
-¿Quiénes son las mejores…?
-¡Nosotras!
-¿Quiénes van a ganar mañana?
-¡Nosotras!
-¿Quiénes lo van a pasar genial en la Warner?
-¡Nosotras!
     Y nos dimos un abrazo en piña, ante la mirada complaciente de una abuelita que esperaba a terminar el ensayo para llevarse a su nieta.
     El “gran día” empezó para mí a las 4:30 h., porque a las 5:30 h. nos esperaba el autobús en la puerta del colegio, para comenzar la aventura. Tuvimos una Cenicienta, cuya madre tuvo que ir a buscar a casa las zapatillas de deporte que se había olvidado; una Bella Durmiente, a la que despertó mi llamada al móvil de su madre, que llegó media hora tarde con la disculpa de que no había sonado el despertador; y no siete, sino algunas más, enanitas del bosque con las pilas cargadas desde esa temprana hora, que ni las calles estaban puestas todavía. En las cinco horas de viaje, la adrenalina no se apeó de sus cuerpecitos serranos ni para ir al baño.
     Sobre las 11:00 h. llegamos a nuestro destino, nos recibieron y condujeron al salón Hollywood, en el que tuvo lugar la gala, después de pasar por un baño para cambiarnos de ropa apresuradamente. Ya ubicadas en los asientos de primera fila que teníamos adjudicados, las fui peinando una a una, con dos churritos de pelo recogidos atrás en un coletero. Eran las segundas en actuar, por eso estábamos en primera fila.


     Ya preparadas para subir al escenario, les recordé que se concentraran en la coreografía y que sonrieran, que se notara que lo estaban disfrutando. Y subieron. Y bailaron, y hay que ver cómo se movieron, con gracia, con estilo, con profesionalidad, con absoluta seguridad. Y embobaron al público, arrancando de él un largo aplauso y muchos piropos. Los presentadores, Rafa y Marbelys, las hicieron repetir algunos de los movimientos que les habían llamado más la atención, y se enrollaron un poco con ellas antes de continuar con el evento.
     Las dos horas que transcurrieron durante la actuación de los quince equipos finalistas, y el resto del espectáculo, se nos pasaron rápido. Pero el tiempo se detuvo en el momento de comunicar los ganadores. La expectación se convirtió en clamor cuando se oyó: “y las campeonas en la categoría  infantil son… (silencio eterno)… ¡las Pulevitas de las Pepas!"
     Mis niñas saltaron de sus butacas, lo mismo que Santi, Beatriz y yo. Fue una emoción indescriptible verlas subir de nuevo al escenario para recibir el premio y los aplausos. Rafa les acercó el micro a  las niñas, y ellas me nombraron, por lo que tuve que subir también para hacerme la foto con el equipo campeón. Emotivo, emocionante, indescriptible, inolvidable. Era mucho más de lo que yo hubiera soñado, pero estaba plenamente feliz por mis niñas, por mi cole, por Beatriz, por Santi que lo estaba viviendo todo a la par que nosotras, por mí misma.


     Cuando terminó la gala, fuimos primero a comer a uno de los restaurantes del parque, luego a desfogar nuestras sensaciones en las atracciones, y más tarde al autobús, tras el cierre de las instalaciones y las fotos de familia en la entrada principal. Ni en el autobús se durmieron las niñas. Alguna vomitó, pero el resto del viaje transcurrió sin incidencias.
     Cuando llegué a mi casa, a las 2:30 h., llevaba en pie 22 horas de vida intensa sin bajar la guardia ni un solo momento. Exhausta, pero contenta. Agotada, pero satisfecha. Con una molesta conjuntivitis, yo diría que nerviosa, o tal vez de la falta de sueño, pero agradecida a la vida por donarme esta porción de felicidad compartida.

video

                        Y esta ha sido la crónica de una gala de verano.

                                Así lo he vivido, y así lo he contado. 
    

lunes, 25 de junio de 2012

Lengua viva


                                                       Lengua viva

     Desde que la RAE llegó a internet en 2.001 se han hecho modificaciones en cinco ocasiones, la última el pasado 22 de junio. Desde ese día podemos ser  blogueros, sociatas, peperos, okupas o citricultores, sin dar una patada al diccionario, y podremos chatear con beisboleros o biministros, en espanglish, aunque nos llamen frikis. Será posible mandar un SMS a un amigo para quedar con él en un restaurante chino donde sirven un exquisito sushi, y lo emplatan con un gusto muy refinado. Me vestiré para la ocasión con un vestido que realza mi canalillo y mi culamen, seguro que a mi amigo se le ocurre la gracieta de ponerse los pantalones caídos para lucir sus gayumbos. Conversaremos de temas de rabiosa actualidad, como el panarabismo, la inculturación, o el euroescepticismo que me embarga últimamente. Y decidiremos la conveniencia de asistir o no a la celebración del matrimonio de dos de nuestros compañeros de trabajo: Juan y Alejandro. Pero eso os lo cuento otro día.



jueves, 21 de junio de 2012

La memoria visual


                                                  La memoria visual.

     El diseño gráfico es una importante parcela de la publicidad. La memoria visual es poco vulnerable al olvido, por lo que si una imagen impactante hiere tu sensibilidad, la tendrás grabada para siempre en tu cerebro.


      Las desagradables fotos que aparecen en los paquetes de tabaco, para disuadir de su consumo, me sugieren la idea de incluir instantáneas captadas a niños de los países del Cuerno de África, durante la hambruna, en los envases de famosas hamburgueserías, para invitar a una dieta sana, que combata la temida obesidad, a base de crear problemas de conciencia. 


     Fotos de víctimas de conductores ebrios en las botellas de bebidas alcohólicas, que inviten a la reflexión. 


Paisajes paradisíacos en los que el político, el banquero o el magistrado de turno se dan a la dolce vita, en los impresos de la declaración de la renta, que con tan poco agrado rellenamos por estas fechas los desgraciados, para darnos cuenta de lo ingenuos que somos cumpliendo religiosamente con Dios y con la Patria, mientras otros se dan a los placeres  terrenales a cuenta del contribuyente. 


     Por ideas, que no quede. Einstein opinaba que una crisis hace florecer la inventiva, además de fomentar lo mejor de cada uno. Va a tener razón. 




miércoles, 20 de junio de 2012

Landia por aquí, landia por allá...

     Este poemario es el primero que escribí, de lo que más sabía: mi mundo en el colegio, todo el día rodeada de niños, con sus ocurrencias, sus travesuras, sus miradas limpias, su particular prisma para ver las cosas, sus llantos, sus mocos, su espontaneidad... Eso, todo eso, nada más ni nada menos, es COLEGILANDIA. 

    Espero y deseo fervientemente que os dibuje una sonrisa en la cara, y consiga evadiros momentáneamente del lúgubre escenario en el que estamos interpretando el papel de nuestra vida, en la tragicomedia "El presente indeseado".

¡Besitos de chocolate!


lunes, 18 de junio de 2012

CONFESIONES A MI TECLADO


                                   Confesiones a mi teclado.


     Yo no entiendo de macroeconomía, pero en lo concerniente a economía doméstica, me autoproclamo doctora “honoris causa”, como muchas de las que ahora estáis leyendo estas líneas. En ese sentido, con los años y las enseñanzas de mis mayores, de administrarme a la antigua usanza, he aprendido a hacer encaje de bolillos.


     Procuro ajustar mi presupuesto para ir cubriendo las necesidades más básicas, y si llega, lo gasto en partidas prescindibles y menos necesarias, que aportan un mayor nivel en la calidad de vida de mi familia.
     No soy amiga de gastar lo que no tengo, a base de créditos o préstamos, aunque he recurrido a hipotecas o alguna otra ayuda bancaria, como la mayoría de los mortales. Pero dentro de un orden. No me he dejado embaucar por charlatanes a la hora de endeudarme, y he calculado mis posibilidades y mis limitaciones en cada caso concreto.
     Nunca he perdido el contacto con la realidad: tengo que devolver lo que me han prestado, en las condiciones en las que me he comprometido y en los plazos establecidos. Y si he albergado dudas sobre mi capacidad para cumplir escrupulosamente lo pactado, he rechazado la alternativa. Conozco gente en mi entorno que ha vivido por encima de sus posibilidades, en la absoluta creencia de merecer todos los privilegios imaginables, y con la suficiente ignorancia y ceguera para perder de vista el horizonte de los compromisos adquiridos. 


     En casa he tenido siempre la máxima de no tirar al tuntún, si se puede reciclar, no desperdiciar agua o comida, no gastar electricidad sin control, no ablandarme ante caprichos injustificados de mis hijos, ni míos, por supuesto. Y trabajar duro, esforzándome, en casa y en el trabajo. No como penitencia para alcanzar el cielo eterno, sino como filosofía de vida.
     Detesto a las personas que hacen gala de una actitud pusilánime frente a sus obligaciones, argumentando toda una colección de justificaciones sobre su pasividad, su indolencia, o su pereza enfermiza en un gran número de ocasiones. A los que esconden su irresponsabilidad tras un falso certificado médico, que es su pasaporte para tumbarse como gato panza arriba, riéndose hipócritamente de la gracia. Total, -deben pensar- nadie es imprescindible, y además todo el mundo lo hace… Pues yo no lo he hecho en mi vida, ni creo que vaya a hacerlo en los años de trayectoria profesional que me restan. 


     Ahora que nuestro estado del bienestar camina inseguro sobre la cuerda floja es cuando muchos se dan cuenta que no todo el monte es orégano. Que vivir en los mundos de Yupi no era más que un sueño, del que hemos despertado zarandeados. Pero dar marcha atrás es ya imposible. Las crueles circunstancias actuales han cogido el látigo para azuzarnos en nuestros comportamientos pueriles, estallándolo en nuestra espalda para que trabajemos más, mejor, muchas más horas, mucho más barato y con menos vacaciones, que ya hemos vagueado más de la cuenta y hemos despilfarrado lo nuestro y lo ajeno. En estos momentos nos las van a dar todas del mismo lado: pin-pan, pin-pan, pin-pan. 


     Aunque yo pienso que toda la culpa no es nuestra. Hemos sido marionetas en manos de los poderosos, y a partir de ahora vamos a ser los esclavos de los que están en lo alto de la pirámide social. No les voy a poner nombres porque todos los sabemos –o los sospechamos- pero tengo meridianamente claro que ha surgido una nueva estructura social a raíz de la crisis, creada no por casualidad, sino a propósito, en la que la clase media pasa a ser  la clase esclava en el Nuevo Orden Mundial. Tenemos el dudoso honor de ser los esclavos del s. XXI.


    Y dando gracias, porque nos dejarán vivir, aunque de mala manera. A los desgraciados del Tercer Mundo los exterminarán sin miramientos, con epidemias, hambrunas, o conflictos armados orquestados concienzudamente, ya que consumen recursos y no aportan nada práctico a la humanidad. Hay que planificar minuciosamente el crecimiento de la población mundial, en número y en calidad de raza, mejorándola a ser posible, a base de ingeniería genética, para que nada se les escape de las manos, para que todo esté bajo su control.


     Los mayas nos legaron sus famosas profecías, vaticinando  un calendario con fecha de caducidad: 21 de diciembre de 2.012, tal vez no pensando en un fin del mundo apocalíptico, aunque la situación no pinta bien en cuanto a catástrofes naturales (¿naturales?), pero sí en un cambio radical de conciencias en lo más profundo del género humano.


     No sé qué será de mí ni de mi familia de aquí a unos meses, y no niego mi vértigo ante las inquietantes situaciones que se están encadenando día tras día. Pero mi filosofía de vida sigue intacta y firme: cumplir con lo que creo que son mis obligaciones, y tratar de disfrutar el momento presente como la única apuesta segura, porque el futuro no ha confirmado aún su presencia.


domingo, 17 de junio de 2012

Dos poemas

   
     El siguiente poema fue publicado en el volumen "El Vuelo de la Palabra. La Poesía en Extremadura en 2.010", editado por el Excmo. Ayto. de Badajoz. Pertenece a mi obra "Poemas para forrar un icosaedro".

                                         Lo que me reste de vida


Quiero saborear lo que me reste de vida,
conocer otros mundos distintos al mío,
bucear entre océanos de libros,
quiero perderme en mi soledad jugando con mi abanico.

Quiero vivir sin prisa,
nutrir mi dignidad,
reparar los arañazos de mi orgullo,
sacar la cabeza del agua para respirar una gran bocanada de aire,
quiero que me sujetes para no tropezar,
que me acaricies con ternura,
que hundas tu voz en mi pelo.

Quiero vivir sin pausa,
romper las cadenas que me oprimen,
saltar como vallas las obligaciones,
dirigir mis pasos cada día por un camino diferente,
bailar sin descanso, reír con descaro,
mirar al cielo en la madrugada,
hablar con los desahuciados y escuchar mis pensamientos.

Quiero desatar las pasiones presas,
desbocar los impulsos, derrochar alegría,
contagiar entusiasmo, vestirme de energía,
repostar fuego en mi corazón y salir corriendo sin mirar atrás,
con los pies descalzos sobre la arena.


Quiero vivir con la valentía suficiente para cancelar proyectos,
cambiar lo previsible, arriesgar por lo imposible,
apostar  por un sueño y escapar
de lo correcto dando un sonoro portazo.

Quiero escribir una estremecedora poesía,
con letras de terciopelo,
con música de violines,
de color rojo amapola,
que sepa a miel y canela,
que huela a tierra mojada.

Quiero emborronar un folio,
estrellar platos contra un muro infranqueable,
beberte a sorbos pequeños.

Lo que me resta de vida,
que es menos que la vida que he sumado.
Lo que me resta de vida,
que es menos que el tiempo vivido,
dividido en días grises y días de sol.
Lo que me resta de vida,
que es menos que las páginas de mi historia,
multiplicadas por las experiencias esculpidas en los pliegues de mi alma,
a golpe de martillo y cincel.

Todo eso quiero lo que me reste de vida.



      Este otro poema también ha sido publicado en "El Vuelo de la Palabra. La Poesía en Badajoz en 2.012", editado por el Exmo. Ayto. de Badajoz. Forma parte de mi poemario titulado "Versos desubicados".
 
                                       ENTRE DOS NUBES

Mañana amanecerá el prólogo del futuro,
y hoy el presente se empeña
en enredarse  entre mis dedos.

La cesta de los rencores pesa tanto
que he de tirar recuerdos por la borda
por pura supervivencia.

Quisiera dormir indefinidamente,
porque durante el sueño el miedo no trabaja,
la rabia habita en los arrabales de la inconsciencia,
y la voluntad suspende su latido.

Ojalá los barrotes de mi jaula de oro
se vuelvan de azúcar, se curven por misericordia,
o se retuerzan de dolor, para así poder escapar
de mis cadenas y de mis carceleros.

Mi conciencia flota entre mil fantasmas, que danzan
en medio de un simulacro de fiesta.
Se ha quebrado el idílico paisaje
de mis sueños almibarados,
pero asoma entre dos nubes mi alma esperanzada.

La nostalgia sale perezosa de su escondrijo
para besarme en la frente.


                                     CLIC