Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

lunes, 2 de mayo de 2011

El origen de las especies


 

   Cuando Mane y yo pusimos a funcionar la fábrica de niños, la producción se disparó: cuatro embarazos en cinco años y medio (uno se malogró), por lo que durante una época, preciosa pero dura, nos faltaban manos para enganchar firmemente a nuestros churumbeles.
   La poesía siguiente es obra de Mane. Sirva como homenaje de su madre, en el susodicho día, a esos tres bichitos que son la razón de nuestra existencia en este perro mundo.




                            EL ORIGEN DE LAS ESPECIES

¡Mane, corre, ven enseguida!  ¡Hay tres bichos en el
suelo!
Me acerco y te encuentro sobrecogida y con ojos de
mochuelo.
¡Quítalos de mi vista, que me muero de miedo!
Me tocó hacer de héroe… ¡y yo con estos pelos…!
Y los dos nos preguntamos
quién pone el cascabel a este trío puñetero.

No te asustes, mi vida, no nos precipitemos.
Será mejor examinarlos
antes de aplastarlos con el plumero,
no sea que tengan collar 
y se nos cabree su dueño.

Son de distinto tamaño, pero del mismo género.
¡Písalos, que nos pueden hacer daño!  ¡Seguro que
tienen veneno!
No, mujer.  Parecen inofensivos… ¡pero están como
un cencerro…!
¡Mira, mira,…. mira como se pelean entre ellos!
El más grande está como loco.
¡Y qué burro es el del medio!
Y el pequeño… ¡el pequeño ni te cuento!

¿De dónde saldrán estos bichos?
Seguro que de un agujero...
¡Pues ayúdame a buscarlo… ¡
No,no…. deja eso para luego.

¿Quién tendrá la culpa
de esta invasión de mostrencos?
Para mí que tú, por no cerrar bien la puerta.
¡Más bien tú, por no fumigar bien el huerto!
Vaya por Dios, ya me cargué con el muerto.
Mientras, los bichos se pelean
dando chillos, patadas y muerdos.

La verdad es que son graciosos.
Me da pena deshacerme de ellos…
Pues luego  no protestes,
cuando te tengan todo revuelto. 


No me importa: me gustan.  ¡Me los quedo!
Pues entonces está todo dicho…
Donde hay patrón no manda marinero.


Le pondremos un nombre a cada uno,
para que no haya desconcierto:
el loco se llamará Enrique,
Luis Eduardo el más travieso.
¿Y qué nombre le ponemos al más burro?
¡Al burro le llamaremos Alberto!

Pues ya estamos al completo,
pero fumigaremos bien el huerto,
no sea que venga otro bicho...
¡y el trío sea cuarteto!


                       ¡Dulces sueños!

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