Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Cuento de Navidad



                         Cuento de Navidad

Silbó el estallido del látigo a su espalda, y supo que había llegado el momento de ser feliz. Más que una sonrisa, su cara dibujó una mueca. Danzaron sus pies sin alzarse siquiera del suelo, con monótonos movimientos, como si de un autómata se tratara. Se escuchaban a lo lejos campanas de fiesta y ruidosos cascabeles. Podían distinguirse brillos en las calles y reinaba en el ambiente un insolidario olor a perfume caro y a marisco prohibitivo, que enmascaraba el hedor a miseria. Casi no podía con sus preciadas pertenencias, una carga de cartones y cachivaches, remetidos en desgastadas bolsas de plástico que lucían en letras rojas “¡Feliz Navidad!”. Apenas tenía tiempo de revisar los suculentos contenedores que encontraba en su camino. Aquella era la milla de oro  en su penoso peregrinaje urbano. La felicidad seguía dándole empujones a golpe de látigo, pero de sobra sabía que le esperaban días de dudosa alegría. Su soledad era una más entre aquella anónima multitud. Se quedó absorto mirando un cartel pegado a la pared, en el que posaba un señor con cara de buena persona, con un slogan que rezaba: “Trabajamos por tu bienestar”. El colorín vamos a obviarlo.





1 comentario:

  1. Publicado en 'Cartas al Director' del diario HOY el sábado 19 de diciembre de 2015.

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