Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

domingo, 17 de abril de 2016

Aparejadores, Alqueva y Palacio de Arteaga





S. Juan Ortega, patrón de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación, ha congregado a algo más de medio centenar de profesionales para celebrar su fiesta anual.



Salimos desde Badajoz en autobús hacia el embarcadero de Villarreal de Olivenza. Allí embarcamos en dos turnos, para dar un paseo por Alqueva. El día estuvo lluvioso a ratos y con muchísimo viento, pero las circunstancias meteorológicas no nos disuadieron para alterar el programa previsto.



 Nati y yo aprovechamos cada momento, por todos aquellos que llevamos de retraso por diversos motivos.



El barco estaba equipado para navegar varios días por el pantano sin necesitar casi nada: cocina completa, baño completo, salón, camas, solarium... Unos paseban por la proa, otros por la popa, otros al abrigo del viento charlando sentados en el salón...





Desembarcamos en Juromenha, pequeño pueblo portugués en el que comimos, después de subir hasta su castillo por senderos que Nati y yo hubiésemos transitado mejor sin los tacones que nos habíamos calzado. Pero, ya se sabe, antes muertas que sencillas...



Algunos recogieron por el camino un buen manojo de espárragos trigueros. El viento hacía imposible abrir el paraguas cuando lloviznaba, pero pudimos entrar en todas las dependencias, en un lamentable estado de ruinas.




Subimos por una escalera de mármol rosa hasta un habitáculo con un gran boquete en el suelo, por el que se veía la planta inferior.


En el templo había unas espléndidas columnas, pero el resto de paredes y suelo mostraban un deplorable aspecto de dejadez.


 Terminada la visita, bajamos de nuevo para comer en el único restaurante del lugar, parando en cada rinconcito del camino que nos iba llamando la atención.




Comimos y bebimos de maravilla, y volvimos a montar en el barco para subir en el autobús que nos esperaba en el embarcadero, y nos llevaría de vuelta a Badajoz.

 
Y con muy poco tiempo para cambiarnos para la cena, prevista en el Palacio de Arteaga de Olivenza a las 21:30, de nuevo trayecto de autobús desde la Plaza de la Libertad.


Y tras el bufet y la exquisita cena, barra libre y baile, con actuación. Se hizo entrega de una placa a los colegiados que cumplen 25 años en la profesión, y hubo un recuerdo especial para la mujer de un colegiado de Mérida, incondicionales de esta fiesta entrañable, recientemente fallecida. El primer turno de autobús para volver a casa fue a las 3. Mane y yo nos recogimos en el segundo turno, a las 5:30, de manera que llegamos a casa con las primeras luces y los pies hechos papilla (sobre todo yo, con tacones de aguja de vértigo por la noche, y por la mañana los botines también con una altura considerable)


Un año más nos queda el regustillo de una espléndida jornada de convivencia, y ya pensando en la reunión del año que viene.







                                   BYE


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