El viernes 20 de marzo fue nuestro gran día.
Tres docentes del Colegio FEC Sagrada Familia de Badajoz fuimos invitadas por el centro y los compañeros a comer, tras una Eucaristía en la capilla, para celebrar oficialmente nuestra jubilación: Maite, Conchita y servidora.
Concretamente yo, llevo disfrutando mi periodo jubiloso desde mayo del año pasado, hace diez meses. Pero está institucionalizado que sea en nuestras fiestas de S. José cuando se rinda un homenaje a las jubiladas de ese año y se les haga entrega de sus regalos con todo el cariño del mundo.
Fue una jornada de intensas emociones, como no puede ser de otra manera.
Además de flores, un reloj, un pañuelo de sandía típicamente extremeño, un viaje y muchos besos y abrazos aderezados con palabras bonitas, Gonzalo escribió para cada una de nosotras unos sentidos versos, que ahí dejo.
Durante la entrega de regalos, a los postres, me dirigí a mis compañeros espontáneamente, intentando hacer un recorrido de puntillas por encima de algunos momentos inolvidables de mis 43 años de ejercicio profesional.
¡Cómo olvidar las exhibiciones de gimnasia y coreografías que, durante décadas, preparé para las fiestas, en las que participaban todos los cursos, con todos los alumnos, en los que impartía Educación Física! Los primeros años en el pabellón del Colegio Juventud; más tarde, en el Entrepuentes; en las pistas del Hernán Cortés; en el polideportivo Nuria Cabanillas; en las instalaciones de La Granadilla...
Tantas y tantas competiciones de Gimnasia Artística y Gimnasia Rítmica, con los equipos que entrenaba en horario extraescolar.
Competiciones de atletismo intercentros, convocadas por la FMD.
Bailes regionales en el patio del colegio y en el Paseo Fluvial, con ocasión de la Semana de Extremadura en la Escuela.
O aquella ocasión en la que se me ocurrió felicitar a los pacenses la Navidad con el primer flashmob que se llevó a cabo en Badajoz, reuniendo 170 bailarines (entre alumnos, profesores, personal no docente, padres) en la Plaza de Conquistadores, que captó la atención de los viandantes y del que la prensa escrita y la televisión se hicieron eco.
Cinco años participando en el concurso de Batidos Puleva, en el que obtuvimos una pizarra digital para el colegio y un día en Parque Warner con todos los componentes del equipo; y en otra ocasión fuimos campeonas de España, actuando en Madrid ante un exigente jurado, por lo que cada niña ganó una Play Station y para el colegio una pantalla, además de ser de nuevo invitado todo el equipo a pasar un día de ocio en Parque Warner.
El gran proyecto del lipdub, en el que conseguimos involucrar a toda la comunidad educativa y que nos llevó a ser los ganadores a escala nacional, reconocidos en Madrid por la Fundación, una hazaña que quedará para la historia de nuestro colegio, de la que siempre me sentiré muy orgullosa.
A todo lo expuesto hasta aquí, podemos sumar la participación y multitud de premios en certámenes literarios, siendo yo la responsable de este área: en el Ayuntamiento de Badajoz, en el de Montijo, en la Asociación de Vecinos Santa Marina...
Las exitosas meriendas solidarias, a través del gran Equipo de Mediación, al que pertenecí desde sus comienzos, así como eventos de "Célula Europa", en el que también estuve integrada.
Los divertidos talleres en los recreos: primero de teatro, que lo desarrollábamos en el salón de actos, grupo con el que tuvimos ocasión de visitar la Escuela Superior de Arte Dramático, gracias a la mediación de M. Ángeles; y los últimos años, taller de baile en el gimnasio pequeño, con gran afluencia de alumnos de todas las edades.
Las liguillas de Balón-bruto y de fútbol entre las clases del mismo nivel, en horario de recreo.
No puedo olvidarme de la Gala Fin de Curso, en la que lucían sus coreografías los alumnos cuyos equipos sacaban una nota sobresaliente en el correspondiente control de Educación Física, actuando para todos en el patio del colegio y poniendo el broche final el último día de clase antes de las vacaciones de verano.
He sido una privilegiada: nunca presenté un CV en ninguna empresa, porque me llamó un buen día a mi casa la Madre Gregoria para que empezara a trabajar como tutora de 46 niñas de 6º de EGB, en septiembre de 1982. Dejé la Facultad de Psicología de Sevilla para comenzar una aventura que ha durado 43 años y nunca me he arrepentido. HE SIDO FELIZ. No se puede pedir más.
Es cierto que sigo echando de menos los abrazos sinceros de mis alumnos, pero me consuela pensar que ahora abrazan a otros maestros tan vocacionales como yo.
He bajado en la última parada. Seguiré mi camino a pie, sin pausa, pero sin prisa.
Érase un nuevo comienzo:
Ni hemos cerrado una puerta
ni se ha acabado el camino.
Vamos a cambiar la forma
de trazar nuestro destino
asumiendo nuevos retos.
Maite, en cada aula encendiste
una llama hecha lección:
enseñaste a tus alumnos a mirar
más allá de una nación.
Les hablaste de fronteras
que se pueden abrazar,
de una Europa que se sueña
si la aprendes a cuidar.
“Célula Europa” sembró
interés, curiosidad,
sentido de permanencia,
compromiso de hermandad.
La vida cambió tus pasos,
pero sigues siendo ejemplo
de coraje y dignidad
y en cada aula has dejado
tu verdad y tu humanidad.
Gracias, maestra querida,
por tu tiempo y tu pasión,
por tu fuerza y tu constancia,
tu talento, tu ilusión,
por tu gran compañerismo
y por tu buen corazón.
Conchita, tú primero fuiste alumna,
muy curiosa y soñadora.
Con el tiempo retornaste
con el rol de profesora.
Entre fórmulas y estrellas,
metódica en cada paso,
generosa, con paciencia,
dejaste profundas huellas
en un selecto alumnado,
involucrado en la ciencia
gracias a tu gran legado.
Cuando algo no cuadraba
se repetía el proceso,
porque contigo se aprende
que el método en ciencia es también
casi un acto de fe y de progreso.
Como compañera eres
de esas que hacen equipo,
compartes la rutina del colegio
y la conviertes en algo bonito.
Me han dicho que te jubilas,
eso es un ciclo perfecto.
Ni el del carbono se cierra
con este sincero afecto.
Y aunque ahora me toca a mí, no quiero protagonismo.
Me da lo mismo leer obras del Romanticismo,
que escribir de todo un poco o practicar atletismo.
También me gusta bailar con gran dosis de optimismo
o ir de viaje a lugares rebosantes de exotismo.
Con eme de Maribel, de maestra, de mujer,
de madre de tres mochuelos que son mi razón de ser.
Yo también entré de alumna
allá por el Pleistoceno.
Y al cabo de “Dios te salve”,
como soy todoterreno,
volví a la que es mi casa
como maestra de estreno.
Ejercí con alegría,
cuarenta y tres largos cursos,
haciendo lo que me gusta y
disfrutando cada día.
Ya es hora de dejar paso
a nuevas generaciones,
que vienen pisando fuerte,
cargaditos de ilusiones.
Y hasta aquí ha llegado el cuento
de vuestras tres compañeras.
Dejamos en el colegio
el alma y la vida entera.
Maribel Núñez Arcos. 20 de marzo de 2026.


