Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

miércoles, 15 de abril de 2015

En segunda persona ("Estampas" - II)



                                      Estampas – II        
                        En segunda persona

TIEMBLAS en la penumbra de tu pena, agazapada
en el recóndito rincón donde habitan los sueños dormidos.
En la quietud de la noche se oye un coro de grillos.

ATINAS a tararear una triste serenata para espantar tus temores,
cual triste trovador medieval.
Un gato te observa desde el alféizar de la ventana.

ARROPAS tus gozos olvidados con pétalos de rosa,
fingiendo perderte entre sus tibios abrazos.
Los sentidos se inundan de perfume de azahar.

EXHUMAS tus ruinas, para rehacerte
entre los escombros del hastío.
Dibujas con el dedo un corazón en un espejo empañado.

FINGES una sonrisa para devorar, una vez más,
el anhelado soplo de sus besos almibarados.

El viento mesa tus cabellos.


DESFALLECES exhausta y sin remisión,
mientras sus manos amasan tus caderas.
Llegan, confusos e imprecisos, unos acordes de violín.

LIBAS el néctar de su existencia,
para bucear con su recuerdo por las dunas del deseo.
Una hoja macilenta cae desmayada sobre tus pies.

SIEMBRAS en el aire, envenenado con sus versos,
 una oración de plegaria y de perdón.
El sudor argentado de la luna ilumina tu alma.



Mujeres todo terreno





Haciendo limpieza en un altillo he encontrado una pieza de museo que forma parte de mi currículum vitae, en el que caben tantas y tan diversas actividades. 




Verano de 1973. Yo había terminado 3º de Bachillerato con unas notas excelentes, después de todo un curso interna en el colegio -ya era el tercer año fuera de casa- 
Tenía 13 añitos, y mi madre consideró que había que aprovechar los largos días del estío, por lo que pensó que era el momento propicio para que su hija aprendiese a bordar a máquina, por supuesto con la persona que más sabía del tema en Santa Marta de los Barros: Antonia Balsera.


Ya ni recuerdo el nombre de cada una de las labores que bordé en aquel pañito, pero he ahí la prueba irrefutable de lo que aprendí en aquellas fructíferas vacaciones de verano. Fueron muchas horas con la mirada puesta en la aguja de una máquina de coser, que había que hacer funcionar dándole a los pedales, a la antigua usanza. Interesante y completa actividad pedagógica, que ayudó a forjar la personalidad de la que hoy en día hago gala.


Estoy orgullosa y agradecida a la vida por haberme enseñado a cargar con una grandiosa mochila de experiencias y conocimientos dispares, desde bordar a formarme académicamente, bailar, atender con pasión mi trabajo, escribir, vivir en pareja con un gran proyecto a largo plazo, haberme sentido plenamente realizada como madre, sacar adelante mi casa, y seguir teniendo curiosidad por aprender y voluntad de sacrificio para conseguir los objetivos que me propongo. Las de mi época somos mujeres hechas de una pasta especial, categoría superior, ¿o no...?




lunes, 13 de abril de 2015

Medallones de merluza


En esta ocasión, un segundo plato de fácil elaboración, económico, rápido de preparar, saludable y apetitoso. 


Como los medallones de merluza los he comprado congelados, el primer paso es descongelarlos sin prisa para que no suelten nada de agua al cocinarlos. Seguidamente se les echa sal y se enharinan. En una sartén se doran ajos laminados en aceite de oliva virgen extra, si es de la Cooperativa de mi pueblo Santa Marta de los Barros, Badajoz, mejor que mejor. Hay que hacer patria, sorry.


Se doran por ambos lados, con cuidado de no romper las piezas al darles la vuelta. Ya solo falta añadir vino blanco y esperar que ligue la salsa. Si os gusta más espesita, se incorpora con el vino una cucharadita suplementaria de harina. Al retirar del fuego, espolvorear un poquito de perejil picado.


Yo lo he servido con ensalada mixta, patatas fritas y mayonesa, pero que cada cual le imprima su estilo.





                     ¡BUEN PROVECHO!






viernes, 10 de abril de 2015

Llueve ("Estampas"- I)



LLUEVE

Llueve.
Llueve en mi patio y llueve en mi mirada.
Llueve en el horizonte que se adivina a lo lejos.
Llueve en mi pelo enmarañado y sobre mi cara.
Llueve en las ruinas que apenas sostengo.
Llueve en este día gris lleno de nudos en la garganta.
Llueve en el balcón de mis sueños.
Llueve en cascada por cada surco de mi piel anciana.
Llueve este triste día de perfume abrileño.
Llueve en el hastío de mi alma.
Llueve sin piedad sobre el blanco jazminero.
Llueve sobre las notas de una balada.
Llueve en mi desnuda soledad.

Llueve doliendo.

Llueve.

Y tú no estás, y estoy aterrada.


jueves, 9 de abril de 2015

Historia de las torrijas




No creáis que las torrijas son un manjar de última generación, tienen una dilatada historia. Ya las degustaban en época de los romanos, y posteriormente, en el siglo XV hace de ellas una mención el poeta y músico Juan de la Encina, que las cita explicando que son el alimento ideal en  la recuperación de las mujeres parturientas.
En el siglo XVII apareció la receta por vez primera en un libro de cocina, y dos siglos después en otro.
Están popularmente asociadas a la Semana Santa, y tiene su explicación. Con la prohibición de comer carne, se ingería menos pan y asimismo era necesario compensar con otro alimento el déficit de proteínas y calorías cárnicas. Había que aprovechar el pan duro y saciar el apetito.


En la actualidad son internacionalmente conocidas. En Francia son “pain perdu”, o sea “pan perdido”; en Inglaterra “poor knights of Windsor”; en Alemania “Arme Ritter”; en Portugal “Rabanadas”, y suelen comerse más en fechas navideñas; los americanos las conocen como “French Toast”; los suizos “Fotzelschnitten”; los austríacos y bávaros “Pofesen o Pavesen”.

Yo suelo mojarlas en leche aromatizada con canela, pero hay muchas versiones. Incluso en España también se elaboran de vino dulce, porque la tradición popular nos dice que las torrijas representan el cuerpo y la sangre de Cristo (el pan y el vino).

Leche, pan, huevos y azúcar son los ingredientes básicos de cualquier torrija que se precie, a la que después se pueden añadir otros aderezos como miel y canela a gusto del consumidor.

Yo no soy una mujer parturienta, a Dios gracias, y la Cuaresma ya ha pasado, pero me quedó pendiente esta faena días atrás, y hasta hoy no me he puesto al día para quitarme el antojo. Me he homenajeado con dos, una detrás de otra, con una infusión. 


                         ¡Qué ricas, madredelamorhermoso!