Para los maestros aún no ha terminado el curso. A decir verdad, nunca, ni siquiera en nuestro tiempo libre, nos desvinculamos del todo. Desde el viernes pasado, que nuestros alumnos dejaron de inundar los pasillos de los colegios, vamos de acá para allá con memorias, reuniones, limpieza de las clases, cursos de formación… Cuando, por fin, entrados en el mes de julio, dejemos de estar presentes en nuestras aulas y empiece nuestro descanso estival, seremos incapaces de desconectar totalmente de nuestra vocación: leeremos para aprender y mantenernos al día de las nuevas tendencias, y engendraremos y maduraremos nuevos proyectos para mejorar nuestra actividad docente el curso próximo.
Para las madres ha comenzado la temporada de “hijo, qué ganitas de que empiece otra vez el cole”; para los desinformados con mala intención y deficiente habilidad para hacer cálculos mentales, empiezan los “tres meses de vacaciones de los maestros, que trabajan menos que el sastre de Tarzán”; para nosotros, los docentes, es hora de cargar las pilas y escuchar nuestros pensamientos sin el bullicio infantil como banda sonora, y volver con renovada ilusión en septiembre, que está a la vuelta de un verano que, a unos y a otros, siempre se nos queda corto.



















