Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

martes, 6 de septiembre de 2016

Pediculosis



Los escolares están a punto de comenzar las clases. Además de alumnos y profesores, otros personajes menos deseados están también en la rampa de salida. Los piojos son incondicionales cada nuevo curso escolar. La pediculosis se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en una afección tan asumida como la gripe o la varicela, pero puede llegar a ser más antipática y embarazosa, hasta convertirse en una auténtica pesadilla. 


Los piojos de antes eran analfabetos, los de ahora sacan buenas notas porque aprovechan el curso de principio a fin, como el alumno más aventajado. Ocupan sus cabezas desde el primer día de clase y, como mucho, se permiten viajar de una a otra para justificar su disponibilidad orgánica. Ya me contarán ustedes de dónde salen estos bichitos para asentar sus colonias en los colegios, creciendo y multiplicándose en progresión geométrica, como si no hubiera un mañana.


Yo tengo mi propia teoría sobre esta planificada epidemia, que cada cual reflexione y saque sus conclusiones, sin perder de vista quién obtiene pingües beneficios de la venta de remedios para combatirla. Nada tan eficaz como una alarma sanitaria bien publicitada para vaciar la rebotica de fármacos.







jueves, 1 de septiembre de 2016

Pan de Calatrava y palmeritas


El pan de Calatrava lo hago con frecuencia, pero en esta ocasión lo he metido en el horno tradicional en lugar de cuajarlo en el microondas. El tiempo, siempre lo digo, depende del horno que utilicéis, y la temperatura suave, unos 180 grados, para que se haga lentamente. He colocado la fuente con la masa sobre otra un poco más grande con un fondito de agua. Al principio dando calor arriba y abajo, y cuando lo vi doradito, solo por abajo. Para saber si está en su punto, le pincho con una aguja de pinchitos, y tiene que salir seca.






Ingredientes y cantidades podéis verlos en este enlace:

Ingredientes del Pan de Calatrava

Le he añadido, al batirlo todo, un poco de canela molida, que le da un saborcito muy rico, y un sobre de levadura.

Y, al servirlo, lo he cubierto con mermelada de higos, que la ha hecho mi hermana y me ha regalado un bote para que la pruebe, y es una auténtica exquisitez.



Y como el horno estaba caliente, tenía masa de hojaldre en el frigorífico, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Guadiana por Badajoz, he hecho también palmeritas de Nutella.





No tienen ninguna complicación: extiendo la masa de hojaldre, la unto con Nutella o Nocilla, la enrollo con cuidado, y luego la corto en rodajas de un dedo y medio, como si fuera embutido, y la coloco en la bandeja de horno, una vez pintada con huevo la parte superior (que, por cierto, a mí se me ha olvidado en esta ocasión...) Se hacen rápidamente.
Y se comen igual de rápido. Si me descuido, no me dejan ni probarlas...




Todo casero, a prueba de dietas, comedlo sin complejos ni remordimientos de conciencia.





domingo, 28 de agosto de 2016

Congelar el tiempo



Hoy la tristeza ha llamado a mi alma. Traía recuerdos de tiempo atrás, muy felices, que se perdieron en la negrura de los días, y que ahora se me antojan como una ilusión óptica, como un oasis en la inmensidad del desierto. Momentos tan felices que me explotaron en la cara cuando más descuidada estaba. Felicidad frágil, que se volatilizó antes de acabar de quitarle el papel de regalo. Porque fue un regalo de la vida mientras duró. 


Esta tarde, con la mirada perdida en un horizonte preñado de azules, en el que mar y cielo eran uno, sentía cómo me embargaba la tristeza. Una tristeza que se ha presentado sin preámbulos, que se ha instalado sin los permisos pertinentes. Y yo, apoyada en el muro de la nostalgia, he sido incapaz de acudir a la llamada de unas olas traviesas, que insistentemente me invitaban a su juego. Sin embargo, un nítido sabor a sal ha resbalado hasta mi boca, procedente de mi propio y particular mar de lágrimas. 


Pero todo fluye y no hay que dejarse atrapar por capítulos clausurados. Vendrán otras historias, otras ilusiones, nuevos proyectos, nuevas conexiones. No guardo rencor a las personas que infligieron dolor a mi alrededor, a los míos, a los que a mí me duelen. Quiero pensar que se borraron de la estampa familiar porque el futuro nos depara afectos mejores, más auténticos, más duraderos, más profundos, más fuertes.


Imagino que pudiera congelar el tiempo. Pararlo justo cuando la felicidad viene a pasar una temporada. Pero seguidamente aparto de mi mente esa descabellada idea. Es mejor que el viaje de la vida se realice sin escalas. Quien quiera subir, que suba al tren en marcha para acompañarnos, y quien quiera bajar, que se tire cuando lo decida.
El amor se traga sapos de insolencia, de impaciencia, de soberbia, de egoísmo. Porque el amor no lleva chip de obsolescencia programada. Si no es eterno, es otra cosa, pero no es amor.



miércoles, 24 de agosto de 2016

Música de sal



                            Música de sal

Vierte la noche su coro de ecos,
bramidos del mar a la media luna.
Una caracola sopla en mis oídos
silencios de arena besando las dunas.
Vestidas de azul, de flecos y nácar,
danzan las olas teñidas de espuma.
Acariciándome arrastra la brisa
música de sal, que mi sueño acuna.
Morfeo trae tu estrella a mi almohada,
sembrando de luz veredas oscuras.
En mi ensoñación, la barca del tiempo
navega tu amor hasta mi locura.






No existe insomnio que se resista al murmullo de las olas en medio de un oscuro silencio.






                             Sed moderadamente felices.