Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

viernes, 19 de agosto de 2022

Décimo tercer JD: 2.010-2022

 

Es agosto y no quiero romper la tradición del JD, reto que me propuse allá por 2010 y cumple este verano su décima tercera emisión, celebrados en mayo mis 62 años.


Dejo aquí los enlaces de años anteriores, en los que publiqué la secuencia completa, además de exponer en ellos los argumentos que fundamentan esta tarea tan peculiar.


2021

2020 

2016

 


 

Orgullosa de mi pelo blanco, mi piel arrugada y mis alas de murciélago, pero viva y feliz, todo lo que las circunstancias permiten, normalmente a tiempo parcial.



Misión cumplida por este año. Se lo dedico especialmente a mi amiga Mari Flor, que me ha preguntado varias veces cuándo iba a publicar el "robado"...

Y tres hurras a mi fotógrafo personal, que siempre está dispuesto a prestarse a mis locuras (bajo duras amenazas... jijiji...). 


BYE


Escapadita 3: El Escorial.

 

Después de hacer noche en San Lorenzo del Escorial, nos acercamos a visitar el monasterio, otro de los lugares incluidos en nuestra larga lista de sitios que queremos conocer.

 




Contratamos previamente audioguía. Al entrar nos entregaron una tablet y unos audífonos, que nos llevaron de forma ordenada por todas las estancias con las explicaciones pertinentes.





Está terminantemente prohibido sacar fotos a partir de un punto, por lo que no pudimos hacer acopio de documentos gráficos para el álbum de recuerdos. Me da pena, porque las neuronas empiezan a comportarse con cierta pereza...

Imágenes del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Me impactó, especialmente, entrar en el panteón de los reyes y de los infantes. Indescriptible. 

Se reformó por orden de Felipe III la pequeña capilla funeraria que existía debajo del altar para albergar allí veintiséis sepulcros de mármol, donde reposan los restos de los reyes y reinas de las casas de Austria y Borbón, con solo algunas excepciones.

Wikipedia 

Salí de aquel recinto absolutamente embriagada de arte y de lujo, dando las gracias a Felipe II por haber impulsado esa obra majestuosa, declarada Patrimonio de la Humanidad.






Y esto es todo por el momento...

jueves, 18 de agosto de 2022

Escapadita 2: Valle de los Caídos.

Estaba en nuestra nutrida lista de visitas previstas a lugares que no conocemos, desde hace tiempo. 

El Valle de los Caídos es un conjunto monumental​ formado por una basílica católica, una abadía y una cruz de 150 metros de altura, asentada sobre la cumbre de un risco que domina todo el valle circundante, con la peculiaridad de que la basílica es subterránea en su totalidad.

 


 

Temíamos que derribaran todo antes de conocer el lugar, dadas las cada vez más frecuentes amenazas para llevar a cabo lo que yo, personalmente, considero que sería un error. Opino lo mismo sobre la sentencia referente a la Isla de Valdecañas. Si existió una equivocación al construir, tanto el Valle de los Caídos como Valdecañas, tirarlos abajo multiplicaría los perjuicios. Es lo que pienso, aunque solo tengo voz y no voto.




Pudimos entrar en la Hospedería, un lugar lleno de vida y de turistas, muy interesante arquitectónicamente hablando.

 


Los alrededores del edificio son un lujo para los sentidos. Abrí indebidamente una puerta, perdida en aquella inmensidad; salió un monje novicio, jovencísimo, que nos atendió amablemente y resolvió nuestras dudas.

 





 

Se respira paz en aquel ambiente de la sierra de Guadarrama, no en vano es un lugar de culto y oración en cuya abadía habitan monjes benedictinos.

 





 

Hicimos realidad nuestros planes, una visita que ya podemos tachar de nuestro particular listado.





Escapaditas 1: Madrid.

 

No elegiría Madrid para vivir de manera permanente, pero a las escapaditas en buena compañía no suelo hacerles ascos.

 


 Después de un fin de curso difícil, con el accidente de tráfico que sufrí en mayo, se agradece un poco de relax.

 





Nos alojamos en una de las cuatro torres, desde donde las vistas de la capital son un espectáculo.

Cenamos, uno de los días, en un italiano al que somos adictos desde hace años, que está en la calle Alcalá: La Tagliatella.






Mientras Mane acude a su trabajo yo dispongo de unas horas para pasear, descansar en un velador con una cervecita por delante o echar el rato en la piscina del hotel.




De esta manera, la espera hasta mi jubilación se hará algo más llevadera.



sábado, 13 de agosto de 2022

Mentiras verdaderas

 

Mentiras verdaderas.

 

Nada como este oxímoron para describir la lluvia de falacias que descarga sin piedad sobre nuestros sentidos.

Es difícil sacar conclusiones razonadas, estando sumido en la desesperanza y en la incertidumbre; menos aún, hacer frente a los peligros o a las dificultades, en esta situación que anula nuestras capacidades. Da la impresión que solo puede uno dejarse llevar a través de una espita que conduce directamente al mismísimo infierno, trastabillando en medio de una barahúnda insoportable.

Era inimaginable cuánto podíamos cargar en nuestra sufrida espalda a causa de nuestra indolencia, desde los inicios de la maldita pandemia hasta ahora. Desde aquel momento, con la excusa de la salud, nos han ido sometiendo de manera casi imperceptible y hasta la fecha. Como la ranita que entra en una olla de agua tibia y agradable, para acabar cocinándose a medida que aumenta la temperatura del líquido elemento, hasta morir.

Nadie puede ignorar que el miedo, como método de control, es un viejo y efectivo recurso, idóneo para llevar a cabo un experimento de ingeniería social. Puede conseguir enmascarar una democracia de dictadura, dejando que nuestras libertades echen a volar.

A estas alturas sabemos bien que las restricciones van de la mano de las prohibiciones. Las sufrimos con el confinamiento (declarado ilegal a posteriori): los paseos en tramos horarios establecidos, limitando el número de miembros; reuniones familiares y de amigos reducidas a la mínima expresión; la circulación de los coches sujeta a ciertas normas; toque de queda desde cierta hora (qué suerte los que sacaban al perro a hacer sus necesidades); se fumigaban las calles desiertas; había cierres perimetrales; los viajes en avión eran posibles para pocos, mejor si venían desde fuera; lucíamos bozal al aire libre y en interiores; en las discotecas estaba prohibido bailar; se cerraron los parques; se prohibía fumar en la calle; no se podía cantar el happy birthday…

Los sufridos hosteleros fueron los más perjudicados, muchos pasaron a mejor vida.

Eso sí, siempre con “fundados” argumentos. Ahora toca sensibilizar sobre el ahorro energético, tomar medidas en forma de restricciones en el uso de la electricidad. La culpa es del socorrido cambio climático, de la guerra de Putin…

Hay que apretarse el cíngulo, bajar el aire acondicionado, apagar las luces de los escaparates a cierta hora… Menos mal que el Falcon va a pedales, que si no…

Con la escasez de agua se avecina otro frente que ya está afectando a los ciudadanos de algunas zonas del suelo patrio, pero que irá extendiéndose con la ayuda de esta pertinaz sequía, cuyas consecuencias empiezan ya a notarse en la agricultura y, por descontado, en los bolsillos cuando intentamos llenar la cesta de la compra.

Vamos de cabeza al eslogan que escucho cada vez con más frecuencia, cuando los medios audiovisuales y la prensa escrita hacen referencia a la agenda 2030: “No tendrás nada, pero serás feliz”. Ea, estamos sentenciados… Bueno, no todos. Algunos seguirán viajando por tierra, mar y aire, comiéndose suculentos chuletones (de los de verdad, no sacados en impresoras 3D) y echándole la culpa de nuestras desgracias a nuestra falta de concienciación a favor del planeta.

Aunque la tristeza y el desánimo lleguen a formar parte de la rutina, cada día trae su particular preocupación, distinta de la del día anterior, diferente de la que sorprenderá al día siguiente. En este momento mi preocupación es la censura que puede castigar estos renglones de reflexiones personales.  Bastante tiempo llevo sin manifestar mis opiniones públicamente, autocensurándome para ahorrarme malos rollos. Hoy ha tocado desahogarme un poco.

Estad atentos a vuestro entorno, que hay monos a su libre albedrío con ganas de liarla parda, y vuelta a empezar.