Ya
huele a Navidad, pero este año la receta no es ni parecida. Lo peor es que no
hay menú alternativo, por lo que a más de uno se nos está quitando el apetito
por celebrarla.
Ya
estamos informados por las autoridades del cierre perimetral, lo que impedirá
que todos los jugadores estén convocados al partido. Algunos no podrán ni entrar
al campo de juego para sentarse en el banquillo o en las gradas y tendrán que
conformarse con ver el juego por videoconferencia.
Para
las reuniones nos recomiendan una buena ventilación natural, en el mes de
diciembre; a ser posible, que las comidas y cenas se celebren al aire libre, con
lo que puede ser peor el remedio que la enfermedad.
Por
supuesto, que no se hable alto ni se cante, por aquello de los aerosoles. Un
buen rosario susurrado podría ser la opción, o un temporal voto de silencio.
Las
mascarillas, puestas a tiempo completo, excepto para comer o beber. Las
sonrisas espontáneas solo podrán imaginarse, y las carcajadas están
desaconsejadas, si no prohibidas.
No
se podrán compartir viandas: cada uno será servido en su plato estrictamente lo
que se vaya a comer, por una única persona designada a tal efecto. Ni mariscos o
embutidos de la fuente del medio, ni turrones troceados de una bandeja.
Los
abrazos solo se darán virtuales, para no romper la distancia de seguridad, que
pueda poner en peligro a los miembros del grupo. Los besos han pasado a mejor
vida, hasta nueva orden (o decreto ley).
No
podrán reunirse más de diez personas, por lo que las familias más numerosas tendrán
que hacer una selección previa de asistentes, descartando a los menos cercanos,
a los menos gratos o a los más prescindibles.
Y
los que tengan que volver a su domicilio, tras la reunión, ya pueden darse
prisa con los postres, o infringirán el toque de queda, y las autoridades se lo
harán pagar muy caro.
Eso
sí, las calles de las ciudades se vestirán de luces, como si no pasara nada, aunque
algunas mesas no se vistan de fiesta.
Con
todo ello, díganme qué clase de celebración es esta pantomima. Qué alegría va a
reinar en nuestros decepcionados corazones, por mucho empeño que le pongamos.
Esta
Navidad nos trae una espléndida corona, de espinas o de virus, es indiferente.
Entusiasmo cero. La única esperanza que tengo es que pase lo antes posible, para ir viendo la luz al final del túnel.