Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Plátano hojaldrado.

 

 

Podría llamarse también hojaldre aplatanado, y el gusto sería el mismo. Son los ingredientes que lleva, si no contamos el poquito de caramelo líquido y un brochazo de huevo batido antes de introducirlo en el horno.

No hay mucho que explicar. El invento surgió dada la inminente caducidad del hojaldre y porque tenía dos plátanos maduros. Pues nos encantó. Se hace en nada de tiempo, y la elaboración no puede ser más simple.

Yo creo que con las fotos es suficiente.

 







          

                            ¡Bon apétit!

jueves, 10 de diciembre de 2020

Alegrías muertas

 


 

Envuelve esta noche la niebla mi tristeza.

Se encienden mis miedos, se apagan las certezas.

Los sueños se cuelan entre alegrías muertas.

Brotan los recuerdos, sorteando tinieblas.

 

Vendrá un nuevo día, una esperanza nueva.

Los renglones torcidos, rectos como velas.

Otras ilusiones surfeando por mis venas.

Abrazos y versos trenzando mis poemas.

 

 



 

jueves, 3 de diciembre de 2020

La Coronavidad que viene.

 

                                 

Ya huele a Navidad, pero este año la receta no es ni parecida. Lo peor es que no hay menú alternativo, por lo que a más de uno se nos está quitando el apetito por celebrarla.

Ya estamos informados por las autoridades del cierre perimetral, lo que impedirá que todos los jugadores estén convocados al partido. Algunos no podrán ni entrar al campo de juego para sentarse en el banquillo o en las gradas y tendrán que conformarse con ver el juego por videoconferencia.

Para las reuniones nos recomiendan una buena ventilación natural, en el mes de diciembre; a ser posible, que las comidas y cenas se celebren al aire libre, con lo que puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Por supuesto, que no se hable alto ni se cante, por aquello de los aerosoles. Un buen rosario susurrado podría ser la opción, o un temporal voto de silencio.

Las mascarillas, puestas a tiempo completo, excepto para comer o beber. Las sonrisas espontáneas solo podrán imaginarse, y las carcajadas están desaconsejadas, si no prohibidas.

No se podrán compartir viandas: cada uno será servido en su plato estrictamente lo que se vaya a comer, por una única persona designada a tal efecto. Ni mariscos o embutidos de la fuente del medio, ni turrones troceados de una bandeja.

Los abrazos solo se darán virtuales, para no romper la distancia de seguridad, que pueda poner en peligro a los miembros del grupo. Los besos han pasado a mejor vida, hasta nueva orden (o decreto ley).

No podrán reunirse más de diez personas, por lo que las familias más numerosas tendrán que hacer una selección previa de asistentes, descartando a los menos cercanos, a los menos gratos o a los más prescindibles.

Y los que tengan que volver a su domicilio, tras la reunión, ya pueden darse prisa con los postres, o infringirán el toque de queda, y las autoridades se lo harán pagar muy caro.

Eso sí, las calles de las ciudades se vestirán de luces, como si no pasara nada, aunque algunas mesas no se vistan de fiesta.

Con todo ello, díganme qué clase de celebración es esta pantomima. Qué alegría va a reinar en nuestros decepcionados corazones, por mucho empeño que le pongamos.

Esta Navidad nos trae una espléndida corona, de espinas o de virus, es indiferente. Entusiasmo cero. La única esperanza que tengo es que pase lo antes posible, para ir viendo la luz al final del túnel.