Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

jueves, 3 de diciembre de 2020

La Coronavidad que viene.

 

                                 

Ya huele a Navidad, pero este año la receta no es ni parecida. Lo peor es que no hay menú alternativo, por lo que a más de uno se nos está quitando el apetito por celebrarla.

Ya estamos informados por las autoridades del cierre perimetral, lo que impedirá que todos los jugadores estén convocados al partido. Algunos no podrán ni entrar al campo de juego para sentarse en el banquillo o en las gradas y tendrán que conformarse con ver el juego por videoconferencia.

Para las reuniones nos recomiendan una buena ventilación natural, en el mes de diciembre; a ser posible, que las comidas y cenas se celebren al aire libre, con lo que puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Por supuesto, que no se hable alto ni se cante, por aquello de los aerosoles. Un buen rosario susurrado podría ser la opción, o un temporal voto de silencio.

Las mascarillas, puestas a tiempo completo, excepto para comer o beber. Las sonrisas espontáneas solo podrán imaginarse, y las carcajadas están desaconsejadas, si no prohibidas.

No se podrán compartir viandas: cada uno será servido en su plato estrictamente lo que se vaya a comer, por una única persona designada a tal efecto. Ni mariscos o embutidos de la fuente del medio, ni turrones troceados de una bandeja.

Los abrazos solo se darán virtuales, para no romper la distancia de seguridad, que pueda poner en peligro a los miembros del grupo. Los besos han pasado a mejor vida, hasta nueva orden (o decreto ley).

No podrán reunirse más de diez personas, por lo que las familias más numerosas tendrán que hacer una selección previa de asistentes, descartando a los menos cercanos, a los menos gratos o a los más prescindibles.

Y los que tengan que volver a su domicilio, tras la reunión, ya pueden darse prisa con los postres, o infringirán el toque de queda, y las autoridades se lo harán pagar muy caro.

Eso sí, las calles de las ciudades se vestirán de luces, como si no pasara nada, aunque algunas mesas no se vistan de fiesta.

Con todo ello, díganme qué clase de celebración es esta pantomima. Qué alegría va a reinar en nuestros decepcionados corazones, por mucho empeño que le pongamos.

Esta Navidad nos trae una espléndida corona, de espinas o de virus, es indiferente. Entusiasmo cero. La única esperanza que tengo es que pase lo antes posible, para ir viendo la luz al final del túnel.

 


 

 

 

viernes, 20 de noviembre de 2020

Raquel Soto, 1ª Directora General seglar.

 

Querida Raquel:

Este post no es un adiós, porque no te vas. Pero has tenido el gran honor de cerrar un capítulo más de la historia de nuestro colegio, un largo y brillante capítulo con balance positivo, a pesar de los obstáculos que has tenido que ir salvando a lo largo de todos estos años.


Pasarás a la memoria colectiva como la 1ª Directora General seglar del Colegio FEC Sagrada Familia de Badajoz.


Fuiste una preciosa y dulce niña de mirada azul; una alumna responsable; una gimnasta perseverante de innata elegancia; una entrenadora eficiente y cercana; una profesora cualificada y querida; una compañera amable y leal; una directora comprometida, firme y humana; hija, hermana, esposa y madre ejemplar.

 

Dedicaste tus días con entrega,

demostraste autoridad sin enfado,

aprendiste de las Siervas Misioneras,

lideraste un proyecto ilusionado.

 

Este año, que es una pura odisea,

remaremos, bien capitaneados,

contra el viento y la marea,

aunque estemos agotados. 

 

Este claustro, al que serviste, te desea

todo lo que tú hayas soñado:

 paz, amor y días sin cefaleas,

parabienes y un sendero almibarado.

 

 


                        ¡Seguimos en contacto!

martes, 17 de noviembre de 2020

Estrambótico.

 

El mundo en el que vivimos me resulta estrambótico, entendiendo como tal un mundo extravagante, irregular, carente del orden al que estábamos acostumbrados y que ahora tanto echamos de menos.

Tanta nostalgia por épocas pasadas ha traído a mi memoria un complemento que me evoca reminiscencias juveniles: los calentadores de piernas. Aquella gloriosa y añorada década de los 80 no puede entenderse sin la “Puesta a punto” de Eva Nasarre en TVE, embutida en su maillot de licra y con sus característicos y coloridos calentadores cubriendo sus pantorrillas.

Hay que reivindicar el renacimiento de tan preciada prenda, perdonar su castigo al ostracismo, recuperarla del fondo de los cajones, o tejerla con mimo en las largas tardes de otoño y toque de queda. Tantas puertas y ventanas abiertas de par en par en todos los lugares de trabajo y en los centros de educación hacen recomendable, cuando no indispensable, su uso, como las mascarillas, a la par que bufandas, abrigos y mantitas, ahora que el frío va haciéndose sitio sin miramientos.

Poner de moda los calentadores de piernas nos haría la jornada laboral o académica más llevadera, estoy convencida de ello, además de constituir una fuente inagotable de creatividad, originalidad, reto y atrevimiento en cada uno de sus diseños. Se verían de rayas verticales u horizontales, tobilleros o por encima de las rodillas, de punto bobo o punto liso, de ochos o con borlones, de un solo color o irisados, para ellos y para ellas, de lana o de crochet… Un amplio abanico de posibilidades.


Pero, no menos importante, pensar en ellos, diseñarlos, confeccionarlos,  conjuntarlos con la ropa, nos evitaría bucear en las angustiosas noticias y estadísticas del día a día, que yo he esquivado deliberadamente desde que comencé a aporrear mi teclado.

  

Y, como no puedo abrazaros, suspiro. Un suspiro que colea en el aire, como un estrambote a mis evocaciones.