Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

miércoles, 10 de octubre de 2018

FEZ


Fez es la tercera ciudad de Marruecos, después de Casablanca y Rabat. Una ciudad fascinante y llena de contrastes, con calles laberínticas y una Medina que te transporta a la Edad Media como por arte de magia.







Tuvimos un espléndido y dicharachero guía, Abdul, que nos instruyó debidamente en dos días por aquellos lares, sin el que nos habríamos perdido en aquel entramado laberíntico de calles estrechas como la cintura de una avispa.










Visitamos una fábrica de cerámica en el zoco de los alfareros y una fábrica de piel en el zoco de los curtidores.









Me llamó la atención una pequeña escuela en medio del bullicio de una callejuela comercial, en la que la maestra, que en ese momento estaba fregando el suelo con la puerta abierta, me invitó a entrar y a hacer fotos, pidiéndome amablemente un donativo cuando me iba.




De cuando en cuando, entre los transeúntes, aparece un burro cargado hasta las orejas, y hay que apartarse para dejarle sitio. Si oyes “¡Belek! ¡Belek!” detrás de ti, mantente apartado porque un burro con cargas pesadas está pasando cerca y puede arrollarte. Incluso vimos y pudimos fotografiar desde el autobús un burro suelto por la calle.




Nos alojamos en el hotel Marriot, un lujo inconcebible en una ciudad con tanta miseria en otros rincones.





Hubo una cena especial en el Palais Sheherezade, en la que sirvieron, entre varias recetas típicas de Marruecos: tagine de cordero, pastela de pollo y almendras y otra pastela de crema. Amenizaron con música en directo y con la actuación de una bailarina de la danza del vientre. El palacio es de ensueño.





















 Incluso el aeropuerto de Fez Saïss, desde donde volamos a Madrid, me pareció especial.





Y hasta aquí nuestra escapada. Ya estamos planificando la siguiente...







lunes, 8 de octubre de 2018

Melilla

He conocido Melilla, y me he llevado una grata impresión de la ciudad: un enclave en el norte de África en el que conviven en paz 86.000 habitantes de distinta procedencia, religión y lengua.

Un deleite patear sus calles y contemplar sus maravillosos edificios modernistas y de art déco, todo explicado por José, un guía muy preparado y simpático, además de popular, que iba saludando a todos sus paisanos durante el recorrido turístico.







La comida fue en el hotel, y entre las viandas no podía faltar el típico cuscús. Y durante la cena, en el restaurante "La Pérgola", pudimos degustar, entre otras delicias, langostinos "Mar Chica".


Al día siguiente nos esperaba una importante celebración en La Legión: el 98 aniversario de su fundación, con visita a sus instalaciones, desfile y condecoraciones varias, y comida compartida de visitantes y familiares con los legionarios.











Por la tarde, visita por toda Melilla la Vieja, con el mismo guía del día anterior, que nos amenizó los kilómetros que recorrimos y nos explicó los pormenores de cada rincón que nos descubría.











Por la noche fuimos a cenar al restaurante "La muralla", muy típico, con una decoración preciosa y una comida exquisita.






 Al día siguiente emprendimos viaje hacia Fez, en Marruecos. Pero ese será otro post. 









sábado, 6 de octubre de 2018

Pulso




La muerte es nuestra enemiga declarada desde que nacemos. Un pulso tras otro, busca incesantemente el momento y la oportunidad para ganarnos la batalla, durante toda la vida, hasta que, finalmente, nos vence en una última contienda, y nos arrastra a su mundo de oscuridad, a la NADA.