Este es mi espacio, mi pequeña parcela de libertad, mi válvula de escape, mi cofre de sentimientos, mi retiro, mi confesionario, el escondite de mis rebeliones, el escaparate de mi alma.

miércoles, 12 de agosto de 2015

BOSTEZA LA MAÑANA (“Estampas” – XVII)



BOSTEZA LA MAÑANA
(“Estampas” – XVII)

Un mar de nubes grises
sobre la mar en calma
y un horizonte desdibujado.
Bosteza la mañana
con olor a tierra mojada
y sabor a melancolía.
Llueve tímidamente,
a duras penas despiertan
lejanas alegrías hoy dormidas.
Soy esa ola que rompe en la orilla
y vuelve a romper sin desaliento,
sin tregua, sin dar lugar a un respiro.
Pesan los párpados como los sueños.
Nada es cuando ya ha sido.
Asoma el sol por sorpresa,
se esconde ruborizada la magia
de esta extraña quietud.


 

SILENCIO AZUL (“Estampas” – XVI)



SILENCIO AZUL
(“Estampas” – XVI)

Nos vemos a hurtadillas, cuando todos
duermen o están lejos, al abrigo de
tiempos muertos.
Una muralla de obstáculos
dificulta nuestros encuentros.
Cuando por fin nos fundimos
en un estrecho abrazo,
me abandono en su regazo.
Escucho con atención sus reflexiones,
y es él quien ordena mis pensamientos y
prioriza mis recuerdos, entre arpegios
de melancolía.
Le busco en el laberinto de las horas,
le añoro en mis catacumbas de confusión,
suspiro en secreto por su cálido
aliento en mis níveas sienes. Evoca
mis más íntimas emociones, consigue
reavivar sentimientos olvidados,
enmascarar mis fracasos,
y me regala ramos de versos y
rosarios de palabras moribundas.
Mi amante secreto en mis días de
neblina y de ausencias y en mis noches
de vigilia y de penumbra en el lecho.
Amo este silencio azul que recorre
mis sentidos cada agosto, haciendo
de septiembre un arcoíris de ilusiones
por el que deslizo mi alma hasta
un nuevo círculo, en esta continua
espiral de la existencia
por la que vagamos hacia
misteriosos fondos abisales.
Amo este silencio azul que acaba por
amansar mis neuronas,
este silencio azul que termina por
poseerme como un amante secreto.


lunes, 3 de agosto de 2015

Mal vamos



Vaya por delante que me encanta el país vecino, pero su gestión recaudatoria me subleva y me exaspera. Me refiero a los múltiples peajes que hay que apoquinar para visitar el aeropuerto lisboeta desde Badajoz. Por suerte o por desgracia me toca ir a recoger o llevar a uno de mis hijos con cierta frecuencia. La última vez fui con un vehículo un poco más grande para que cupiera su abultado equipaje. Me soplaron 28,80 € a la ida y otros 28, 80 a la vuelta, por transitar por una autopista que, no estoy segura, se construyó con fondos europeos.  Al llegar a la capital, hay que atravesar sí o sí un puente, en este caso el Vasco de Gama, larguísimo y espectacular, por cierto, por el que me cobraron 2,65 €. Tuve que dejar el coche  en un parking en los alrededores del aeropuerto durante algo más de una hora, por el que pagué 4,75 €. Si no me fallan las cuentas, a la lógica ilusión de recibir a mi hijo nada más aterrizar su avión, los amigos portugueses me ponen precio de 65 euritos, a los que hay que sumar, como es natural, otros 40 de combustible, más el importe del vuelo en sí. Un chollo, vamos, con la desgracia que tenemos encima. 



No sé qué tal llevarían ellos que les cobraran una cuota por cruzar el Paseo de la Castellana de Madrid, el Puente de Triana de Sevilla o un buen pellizco por hacer uso de los aparcamientos al aire libre del Faro, que tantos hermanos lusos visitan. Ya le he dicho a mi hijo el viajero que busque opciones alternativas, porque con los portugueses, mal vamos.


miércoles, 22 de julio de 2015

LUZ DE ESPUMA (“Estampas” – XV)




Hilos de plata meciendo la cuna, y
su cara oculta testigo secreto
de besos robados sobre las dunas.
Sueños con alas surcando suspiros,
latiendo al compás de su luz de espuma,
perfume de amor a lomo de estrellas
errantes de mar, siervas de la luna.
Lluvia de versos salpican las almas,
magia de noche brillando en la bruma.